Arco | Foto: RRSS del artista
Cualquier persona que me conozca, sabe del cariño que le tengo a Antonio Arco. Y es que sigo al cantante granadino (o malagueño, según se mire) no solo desde el principio en su etapa en solitario, sino desde años atrás, cuando conocí a su antiguo grupo: El Puchero del Hortelano. Y es que no se puede explicar esta historia sin hablar de ellxs. El Puchero fue el primer grupo de música alternativa (por llamarlo así) que me gustó, que empecé a seguir y a ir a sus conciertos. Lo conocí gracias a una gran amiga que me descubrió el álbum en directo de la banda, y poco a poco empecé a hacerme fan y a verles en conciertos. Una gran época conociendo grandes canciones que, unas cuantas de ellas sonaron el viernes, activando el «modo nostalgia» de todo aquel allí presente.
Pero volvamos un momento atrás. De repente, un día nos levantamos con la noticia: El Puchero del Hortelano se separaba, para siempre, despidiéndose con una gira donde les pude ver tanto en Madrid, como en Barcelona y como en su último concierto final: en Granada, su ciudad. Fue el fin del Puchero, y al poco tiempo, Antonio iniciaba un nuevo camino en solitario. Arco nacía con su primer álbum (Uno), y ahí estaba yo, apoyándole desde el primer día. La vida es así, unas etapas se acaban y otras comienzan, y el viernes en la sala Bikini de Barcelona pudimos hacer un repaso a todas las épocas.
Empezaba el concierto con Las vidas que olvidé, incluido en su cuarto álbum Sol, estrenado hace poco. Una primera toma de contacto. Arco sigue con una de las características que hacían destacar a su antiguo grupo, y es que tiene muy buen directo. Acompañado solo de un bajista, un guitarrista y de un batería (que también toca el teclado), el cantante andaluz crea una atmósfera increíble en sus conciertos. Y tras ese inicio con su música más actual, pronto viajamos al pasado con Quiero saber, uno de los clásicos del Puchero, donde hizo saltar a toda la sala.
Hacia justo dos años que Arco no nos visitaba con banda (fue también en Bikini), y se vio que había ganas, pues se marcó un buen sold out para aderezarlo todo. Cantó Todavía y Todo y acto seguido se presentó, para dar paso al primer momento de lagrimita de la noche. Tras un discurso precioso, empezó a sonar Tú eres eso, una de las canciones más bonitas de su ex banda. Toda la sala cantando «Que la vida te devuelve lo que tú le das» y coreando cada verso de la canción. Empezaba la cosa intensa.
Y así, seguía el concierto con un repaso a toda su discografía: sonó Una canción (el primer tema que nos presentó en solitario), Debo y Ese rato tan divino (también del Puchero). Y aquí me voy a parar, porque después llegó uno de los momentos más intensos de la noche.
La banda que le acompaña se retiró y él se quedó solo, y yo ya pude intuir lo que se venía. Tras unas muy emotivas palabras, donde nos contó sus charlas con su padre cuando era pequeño, empezó a cantar, entre llantos, Ochenta años. LA CANCIÓN. Este tema, de su etapa con El Puchero, es especial. Nos habla de aprovechar la vida, de no esperar al «mañana» que quizás no llegue y de vivir el presente. Sobre todo, eso: vivir. Porque, como dijo Antonio, «mañana quizá es tarde». Esta canción es una lección de vida, él la escribió tras esas conversaciones con su padre, y de ella se habla en el documental Octavas. Una película sobre la música y las emociones. Recomendadísimo. La cantó él solo, con su guitarra, bajo un silencio sepulcral que solo se rompía cuando el público se arrancaba a cantar el estribillo. Una de las canciones de mi vida, sin duda.
Y siguió el concierto él solo con su guitarra, donde nos habló de Antonio Machado, su poeta preferido, y empezó a versionar Cantares, de Serrat. Un homenaje a Machado del cantante catalán. A continuación, Arco tocó Sábado, otro clásico intenso del Puchero, y después volvió la banda a sus puestos.
Sonó La pura admiración (de su último álbum) y después Quisiera, una canción que en su versión de estudio colabora con Rayden. Y así, siguió el concierto con la presentación de los chicos que le acompañaban: Ezequiel (Zeke), Patri y Gonzalo.
Sonó Quiero (un canto al amor propio), la clásica cover de La quiero a morir, que además ya cantaba con El Puchero, Un día perfecto, Bajo el disfraz y Asuntos serios. Un buen mix de temas antiguos, nuevos y de su anterior etapa. Tras la última canción, que es un canto al respeto, que por desgracia, muchas veces brilla por su ausencia, Arco se empezó a despedir, dando paso a unos minutos de espera.
Volvieron al escenario y nos regalaron unos minutos más. Sonó La hoguera, tema de Sol, en el que colabora con Kutxi Romero (vocalista de Marea); y antes de despedirse, hizo un «medley» con varios éxitos que no tuvieron cabida en la selección de la noche. Ave Fénix (gran sorpresa), Estampado floral, La guía (otra que echaba de menos), El momento y Equilibrio, formaron parte de un mix donde el protagonista de la noche quiso complacer a todxs esos fans que siempre le piden canciones pero que, obviamente, el tiempo es el que es y no caben todas. Yo personalmente eché de menos Castillo de naipes (incluido en Uno), pero lo dicho: no todas pueden ser siempre. Recordemos que tiene cuatro álbumes ya, más todos los hits con el Puchero.
Precisamente, para mí, Arco destaca siempre, además de por el directo, por una gran selección musical, con temas de todos los tiempos, y me encanta cada vez que recuerda su etapa con su anterior grupo. Siempre digo que hay que recordar de dónde se viene, y los fans de El Puchero del Hortelano siempre agradecemos que algunas de esas canciones sigan teniendo vida en los directos.
Y, ahora sí, llegó el final. Con la canción esperada. No hubo sorpresas. Desde que Arco canta en solitario siempre acaba con Lo difícil (incluido en Uno), un tema cañero a la par que muy bonito, para curar las heridas de la vida. Antonio Arco es muy agradecido, un cantante humilde, educado y que lo da todo en directo. Fue un concierto emocionante, muy sentido, y si hay alguna palabra que pueda resumir el concierto del viernes, es esta: felicidad.
Moltes gràcies, Antonio. Tu familia de Barcelona te quiere.

