Dcode 2018, la música supo abrirse ante la lluvia.

Un año más el campus de la Universidad Complutense de Madrid se llenó de música, de manos del festival Dcode Fest. Coincidente, por supuesto, como casi todas las ediciones, con la semana de exámenes de recuperación de septiembre; un poco de ánimo para algunos y caos para otros.

Esta vez el cartel prometía con platos fuertes como los grandes Imagine Dragons o Bastille. También contamos con la presencia de bandas más habituales en festivales de este estilo, como Izal o The Vaccines, y algunas alternativas nacionales saliéndose un poco de la escena: La M.O.D.A. o Berri Txarrak.

A pesar de la lluvia intermitente durante todo el dia, la gente no faltó a la cita con La M.O.D.A., en lo que pareció un pequeño oasis entre las nubes. También a medio día pudimos disfrutar del concierto de la joven Clairo, con sus temas personales y su aura tan característica.

No hubo movimiento hasta después del medio día, cuando reaparecieron grupos de chubasqueros para acamparse tras los cordones de seguridad que cerraban el paso para los dos escenarios principales, probablemente para hacerse sitio, ansiosos en primera fila, y no perderse detalle de las estrellas de la noche: Imagine Dragons.

Con el paso de las ediciones, el espíritu indie máximo no desaparece, y cada vez hay dentro del festival más amplitud de edades, desde niños pequeños, adolescentes y gente más adulta, ya asidua en este panorama. Y para refrescarlo y dar abrir oportunidades a nuevos espíritus musicales, se creó el concurso de bandas para abrir el escenario principal en este día.

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Volver estrenándose en el escenario grande del DCODE tras ganar el concurso de bandas. Fotos por Alejandra Sánchez. Instagram: alexmaker93 

La semana anterior a la fecha clave, en el bar “Intruso” se dio la final de las bandas que podían participar. El nivel estaba muy alto, entre bandas como Gole Yaika (etc), con trabajo ya a sus espaldas; pero fueron Volver, banda con menos tiempo en los escenarios, la que consiguió el triunfo. Ellos fueron los elegidos para abrir el escenario número 1 a primera hora de la tarde, con un público entregado a escuchar cosas nuevas y algunos ya conociéndolos. Aún siendo tan solo dos personas en el escenario, consiguieron mover a los asistentes y que coreasen con ellos, llenando el recinto con sus melodías. Desde aquí les deseamos suerte en este viaje que, estamos seguros, va a ir hacia arriba. Gracias a iniciativas como estas, en festivales grandes, se dan los medios a bandas con mucho talento para conseguir llegar a muchísimas más personas.

Y poco a poco, sonaron bandas más conocidas, siguiendo la estela nacional, compartieron escenario Viva Suecia; tras asomarse la poderosa voz de Jorja Smith, con su banda al completo. Siempre es agradable encontrar presencia femenina en los escenarios y sobre todo en los festivales que tanto nos tienen acostumbrados a las bandas íntegramente masculinas.

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Bastille dieron espectáculo y energía el DCODE. Fotos: Alejandra Sánchez. Instagram: alexmaker93 

No se quedaron cortos Bastille, la banda británica abrió el turno de noche y dieron uno de los shows más potentes de la jornada. Sonaron con un impecable directo y fulminaron el recinto. En el escenario 2, por su parte ya más tarde, dieron el gran espectáculo Izal. Ya son asiduos a este tipo de festivales y prometían no defraudar.

Cabe destacar, que ya alrededor de las 22:00, cuando aprieta el hambre, uno empieza a intentar moverse por cualquier lado en busca de algo que llevarse a la boca en la zona de Foodtrucks. Bien, insistimos en intentar moverse, ya que el aforo y las dimensiones del campo de rugby y sus inmediaciones parecían minuciosamente medidas para que hubiese el espacio justo y necesario para respirar. La disposición de las casetas, bien, la cantidad bien, el precio, bien, pero el espacio dadas las 20000 personas que acudieron, era muy reducido. Trabajo a repasar para otras ediciones, ya que ha sido algo reiterativo, junto a la imposibilidad de salir del recinto a partir de las 18:00 de la tarde. Es un tema en el que nos gustaría hacer hincapié, ya que los festivales deberían estar destinados a disfrutar de la música y que uno mismo pueda organizarse en función a los horarios y los escenarios, y de esta manera, existe una obligación de permanecer encerrado sin poder salir fuera, por el riesgo a perder el dinero (mucho) invertido en la entrada del festival. Además, si las lluvias hubiesen continuando, los chubasqueros no hubiesen sido de ayuda apenas.

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Los navarros Berri Txarrak siempre tienen un directo impresionante. Fotos: Alejandra Sánchez. Instagram: alexmaker93 

Tras la incursión a los Foodtrucks, alguna bebida en la barra, esperar colas eternas para el baño y husmear en algunos puestos de merchandising, comenzaban dos bandas a tocar al mismo tiempo; Berri Txarrak, un plato distinto dentro del festival de indie casi al 100% e Imagine Dragons. La evidente gran mayoría se quedó aferrada al cercado del escenario 1, pero otros más curiosos, o los más fans del grupo navarro, acudió al escenario Heineken. Nos brindaron con un directo más corto de lo que nos tienen acostumbrados, pero en el que no faltó el recorrido por casi toda su carrera musical, un resumen bastante completo para un show de festival.

Aún habiendo terminado por el escenario pequeño, Imagine Dragons seguía aún una larga media hora más en el escenario principal, acompañados de un absorto público que disfrutó del directo y del espectáculo de la banda hasta bien entrada la noche. En este caso el solapamiento con el otro escenario fue total, o disfrutabas de un show completo y perdías la mitad de otro, o directamente no podías ir a ver a la otra banda. Aun así, temas tan clásicos de la banda que no cambiaba mucho si se perdía la mitad del concierto.

Les siguieron muy de cerca The Vaccines, ya de madrugada, que llenarían la parte principal del recinto. Ellos ya repetían en alguna otra edición del mismo festival, así que el sentimiento de estar en casa estaba presente.

Cerraron el festival, Kakkamaddafaka y Triángulo de Amor Bizarro, que daban paso a los DJ de Ocho y Medio. Para los más rezagados que acudían a última hora el momento perfecto con un poco más de vacío frente a los potentes directos anteriores.

El halo de cansancio y satisfacción al final de la noche era palpable (y algún que otro puntillo seguro). El ambiente de buen rollo que desprende este como tantos festivales de indie, hacen que uno consiga desconectar de lo que queda fuera (sobre todo si no queda otra que quedarse dentro) y conectar con todo y todos los que están dentro. Lo han vuelto a conseguir, aunque un poco atropellado, un festival con mucha tralla y buen resultado.

¿Nos veremos en próximas ediciones?

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