[REPORTAJE] MUSE DRONES WORLD TOUR, LIVE AT MUNICH OLYMPIAHALLE

Tras dos semanas de parón con motivo de las celebraciones de Semana Santa, la banda británica Muse retomó su ultraexitoso ‘Drones World Tour‘, gira que está llenando pabellones allá por donde pasa. El lugar de la reanudación, la ciudad alemana de Munich. Quizá era incapaz de esperar a mayo, mes en el que los ingleses vienen a Madrid. Quizá es que el hecho de que el concierto fuese en fechas vacacionales me impulsó a hacer una locura. No lo sé. Pero allá que me fui.

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El Olympiahalle de Munich, recinto que se encargó de acoger un nuevo concierto del Drones World Tour

NOTA: Todos los vídeos fueron grabados por el autor del reportaje. Qué dolor de brazos.

Tras un par de jornadas dedicadas al turismo y a conocer la ciudad, llegó el Día D. 31-M. Jueves. Un paseo por el precioso parque olímpico (donde se encuentra el pabellón, olímpico también), se respira cada vez con mayor intensidad, según van pasando los minutos, la atmósfera de algo grande. La atmósfera de que algo gordo va a tener lugar. La atmósfera de un concierto de Muse.

Con férrea puntualidad teutona, abrieron las puertas a las 18:00 y, casi una hora más tarde, los teloneros holandeses De Staat nos obsequiaron con un interesante repertorio de rock alternativo/electrónico/experimental. Una buena actuación que la gente aplaudió con ganas debido a dos motivos. El primero, el buen hacer de la banda neerlandesa. El segundo, el saber que ya solo quedaban unos pocos minutos para que Matt, Chris, Dom y Morgan hiciesen acto de presencia. Nervios.

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Y por fin, a las 20:40, dio comienzo el show, con una intro inmejorable. Esa intro que todo fan de Muse conoce gracias al HAARPDance of the Knights.

Tras la danza de los caballeros, el pabellón se sumió en la más absoluta oscuridad, mientras un ruido que sonaba como si las entrañas de la tierra estuviesen abriéndose nos indicaba que algo iba a suceder a continuación. Y así fue. Media docena de drones con forma esférica hicieron un tour por el espacio aéreo del Olympiahalle al son del gregoriano tema que cierra el último álbum de la banda inglesa y que coincide con el nombre de éste: Drones.

Dos minutos y medio de experiencia casi religiosa que concluyeron con todos los “Matts” que cantan la canción entonando al unísono un escalofriante “amén”, al mismo tiempo que los miembros de la banda surgían de las entrañas del escenario, provocando la locura de la multitud.

Y como no podía ser de otra forma, Psycho fue la encargada de abrir la actuación. A saltar.

Casi sin tiempo para respirar tras ese inmejorable inicio, el bombo a contratiempo de Dom y el virtuoso tapping de Matt, encargados de abrir Reapers, nos indican que la intensidad no va a decaer de momento. El durísimo outro de la canción, acompañado de un sublime montaje de luces, es acojonante. ¡¡¡HERE COME THE DRONES!!!

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Las “alarmas” saltando ante la llegada de los drones

¡¡Y que no pare la fiesta!! Sin tiempo una vez más para coger aire, llega el tercer bombazo, el tema más tocado en directo por los de Teignmouth. Por vez número 885, el riff más famoso de la historia de la banda electrizaba a 17000 personas. Por supuesto, hablamos de Plug in Baby. Nunca nos cansaremos de oírla.

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Tras este inicio frenético, por fin bajamos un poco de tercio. Es el momento de la preciosa Dead Inside, siempre apoyada en el pegadizo ritmo de Dom, con un Matt desgarrado, aunque la parte final la haga distinta (y a mi juicio, con el cambio sale perdiendo) que en la versión de estudio. El montaje visual de esta canción, con la protagonista de la letra “muerta por dentro”, es espectacular gracias a la nitidez con la que se perciben todos los detalles en las pantallas y “telas” desplegadas encima y a lo largo del escenario.

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Siguiendo con la línea descendente, Matt y Chris se toman un breve descanso al sonar una versión acortada de The 2nd Law: Isolated System en la que Dom hace algún acompañamiento puntual de percusión electrónica acompañado de los arreglos de Morgan. Y nada más sonar el último “Isolated…” de la voz en off, unos siniestros ojos azules aparecen en la pantalla central, a cuyos lados surgen unos hilos que terminan en unas manos que se encargarán de “manejar” a Matt y a Chris a lo largo de The Handler.

Tras una intro a caballo entre estridencias guitarreras habituales en los conciertos de la formación inglesa y el ultraconocido riff del Voodoo child de Jimmy Hendrix, suena otra de las canciones de mayor éxito comercial de la banda y que nunca falta en los conciertos: Supermassive Black Hole, momento que eligen los drones para volver a patrullar por el pabellón, iluminados en diferentes colores en esta ocasión.

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Los omnipresentes drones, iluminados en diferentes colores durante Supermassive Black Hole

Parece que el ecuador del concierto es el lapso de tiempo escogido por los británicos para interpretar los temas más comerciales, ya que tras SBH y con el Prelude del álbum The 2nd Law de por medio, nos encontramos con otro clasicazo conocido por todos los públicos. Llega Starlight con su batir de palmas, su Matt liberado de la guitarra, su “Our hopes and expectations, black holes and revelations” a capela y sus hullaballoons.

Y entonces tiene lugar uno de los acontecimientos más esperados por los más acérrimos fans de la banda. En la penumbra, vemos a Matt coger una guitarra. Una inconfundible guitarra roja de 7 cuerdas, que no tardó en vomitar su eterno y acojonante riff de armónicos. Sí, amigos. Munich y un servidor pudimos disfrutar de la siempre ansiada Citizen Erased, 7 minutos y 19 segundos de pura magia, de puro Muse. Como dato, puedo decir que me considero increíblemente afortunado de haber escuchado la canción en directo las dos veces que he ido a ver a los de Devon; una en el Bilbao BBK Live del año pasado, y ésta que os estoy narrando. Que siga la racha.

Tras apagarse el piano de Matt (y sumergirse en lo más profundo del escenario), Chris y Dom nos obsequian con su habitual jam de bajo y batería, que cada gira recibe un nombre de una ciudad distinta. Casualidades de la vida, el de esta gira es conocido como Munich JamDrones Drum&Bass.

Tampoco podía faltar alguna balada en el setlist, por lo que Madness hace acto de presencia con su pegadizo ritmo y su final al más puro estilo U2, tocando la fibra sensible de todos los presentes. Si bien no es el prototipo de tema que los fans de los Muse más duros quieren en un concierto, es innegable que la canción en directo es preciosa.

Siguiendo con la estela del Black Holes & Revelations que han dejado SBH Starlight, es el turno de Map of the Problematique, tema muy querido por los seguidores del grupo y cuya contundencia hace que cuente con un live poderoso que hizo las delicias de la mayoría de los asistentes, sobre todo al final, cuando sonaron los riffs de Who knows who?, de los propios Muse; y de Maggie’s farm, de los magníficos Rage Against the Machine.

Por suerte, ya que no siempre suele ocurrir, el trío inglés nos tenía preparada una sorpresa. Tras haber desembocado en otras ocasiones en UprisingHysteriaReapersRevolt e incluso en Defector una única vez, el discurso de Kennedy incluido en el álbum Drones, titulado [JFK], dio paso a otro bombazo. En esta ocasión, del Absolution. Dio paso a Stockholm Syndrome.

Qué gustazo de 5 minutos. Escalofriante cómo suena ese bombo a medio tiempo ultraamplificado del señor Howard (sobre todo en el revientacervicales riff final). Un tema casi metal que suena en directo incluso mejor que en su genial versión de estudio. De lo que más pude disfrutar del concierto. Dudo que compartan mi opinión los fans de Undisclosed Desires (que ojo, me gusta), Neutron Star Collision (esta no) y demás.

Como ya hemos dicho, era el momento de ese enorme álbum que es Absolution, ya que a SS le siguió otro de los grandísimos himnos de la banda: la siempre agradecida Time is Running Out. Cómo no saltar en ese estribillo. Qué temazo, por Dios.

Parece que Muse tenía ganas de irnos soltando los bombazos bien seguidos, ya que del tirón le llegaba el turno a otro auténtico temón. Este más reciente, de 2009, concretamente. Una canción hecha absolutamente para ser vista y oída en live. Los momentos “ejército” con los que cuenta Uprising son de auténtica locura, como si tú y las 17000 personas que hay a tu alrededor fueseis una perfecta formación lista para luchar contra la opresión.

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El Olympiahalle queda sumergido en la más absoluta oscuridad. Varias “telas” cuyo cometido es el de actuar como una pantalla 360º descienden alrededor del escenario, dejando en su interior a los componentes del grupo. Un sonido como de agua fluyendo en el nacimiento de un río es despedido por los altavoces durante unos segundos, hasta que unos silbidos al más puro estilo western de Ennio Morricone nos indican que ha llegado la gran The Globalist. El tema favorito de Matt, conocido por sus 10 minutos de duración. Si bien puede dejar un poco frío dada su longitud en la versión CD, puedo deciros que en directo, es simplemente sobrecogedor. Las tela-pantallas nos ofrecen unos efectos visuales absolutamente impresionantes mientras Matt nos va narrando la historia de ese dictador que destruye el mundo al no quererle nadie. Como bien decía mi madre, la gran señora Quesada, resultaría curioso saber cómo puede interpretar una canción sobre un dictador destructor de la humanidad la gente de Alemania…

Con permiso de ustedes, dada la belleza del entramado audiovisual que acompaña a la música durante estos 10 minutos, me he tomado la libertad de adjuntarles una serie de diapositivas tomadas durante el transcurso de la canción, además del correspondiente vídeo. Aquí las tienen.

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Si una palabra puede definir este tema en directo, es “majestuoso”. Desde el minuto 0 al 10, te absorbe y vives completamente la historia narrada, que incluye un gigantesco dron Reaper que sobrevuela al público de pista en el momento “bélico” de la canción. Como dato curioso, el ataque acabó siendo real, ya que el dron falló en su recorrido y cayó literalmente encima de la multitud. Aun así, magistral el conjunto audiovisual del tema.

Nada más desvanecerse el último acorde de piano, la oscuridad vuelve a reinar; Matt, Chris, Dom y Morgan abandonan el escenario; y los drones pasan a ser de nuevo los protagonistas de la escena, una vez más con el tema Drones de fondo, sirviendo así como puente para el bis que está por venir.

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Los drones, nuevamente iluminados, sobrevolando por última vez el Olympiahalle

Una luz naranja procedente del suelo del escenario nos avisa de que da inicio la última parte del show, abierta con Take a Bow. Un primo mío me dijo que en directo ganaba muchísimo tras decirle yo que no me gustaba nada la versión de estudio. Puedo dar fe de que tiene razón. El ritmo pesado y lento, y la gran densidad acústica de la canción dan pie a esa mejora, quedando un tema bastante resultón y, como tanto le gusta a Muse, grandilocuente.

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El escenario “en llamas” durante Take a Bow

Sabedor de que se acerca el final del maravilloso viaje, el público exige bombazos. Los ingleses responden con la refrescante Mercy, otro tema que gana mucho en directo, sobre todo con el lanzamiento de confeti que podéis ver en el vídeo que va a continuación, y guardándose un as en la manga para la última jugada de la noche.

Y como todo en esta vida tiene un final, el concierto no es menos. Pero qué final, queridos lectores. Por última vez, la oscuridad nos envuelve para que Chris coja la armónica e interprete ese Man with a Harmonica de Ennio Morricone que ya todos identificamos como preludio de la extraordinaria Knights of Cydonia. Soy incapaz de evitar que se me ponga la piel de gallina cada vez que pienso en las 17000 gargantas ya rotas por las 2 horas de griterío, haciendo un último esfuerzo para entonar a capela ese formidable, colosal, enorme, extraordinario, magnífico, maravilloso (llámenlo como quieran) “NO ONE’S GOING TO TAKE ME ALIIIIVE, THE TIME HAS COME TO MAKE THINGS RIIIIGHT, YOU AND I MUST FIGHT FOR OUR RIIIIGHTS, YOU AND I MUST FIGHT TO SURVIIIIVE!!! YIIIIIIIJAH!!!”. Dios. Dios. Y Dios. Qué momento. El perfecto culmen para el increíble espectáculo que hemos presenciado.

A decir verdad y viendo lo que venían tocando en los anteriores conciertos de la gira, tenía dudas acerca de “dureza” del setlist que podían ofrecer, ya que estaba resultando más bien escasa. Sin embargo, me sorprendió gratamente en este aspecto a base de pelotazos intensos como Stockholm Syndrome Citizen Erased, o con el hecho de poner seguidas 3 canciones “fuertes” nada más empezar como Psycho+Reapers+Plug in Baby. Le doy buena nota al setlist a pesar de que siempre echo en falta el poder oír temas “raros” o antiguos que todo fan quiere ver, lo que podemos ver reflejado en el hecho de que no hay canciones del Showbiz en el tracklist o de que únicamente figuran en éste 2 del Origin. Notable alto.

La calidad de sonido, como era de esperar, sublime. No en vano el directo de Muse está considerado uno de los mejores del mundo hoy día (si no el mejor). Quizá en algún momento el bajo estaba un poco bajo, valga la redundancia, de volumen, y un par de toms de la batería contaban con menos potencia de sonido que el resto del equipo de Dom. Pero, salvo eso, mínimos detalles, la ecualización y el nivel del sonido cumplieron de sobra con las expectativas y fueron sencillamente prodigiosos.

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El público del Olympiahalle, entregado tras concluir Knights of Cydonia

En lo que a la espectacularidad de la puesta en escena se refiere, puedo decir que es la experiencia audiovisual más acojonante y perfecta que he podido vivir. El trabajo llevado a cabo con los drones, con el escenario, con todo tipo de efectos y vídeos… una auténtica animalada. Véanlo si pueden, porque no tiene desperdicio. Yo me cuento entre los afortunados que les verán en Madrid en mayo. Espero que ustedes también. Porque más que un concierto, ha sido una experiencia mística. Veremos qué hacen para poder superarse en este sentido en la próxima gira, porque les va a resultar bastante complicado. De todas formas, siempre parece que Muse ha tocado techo… y siempre consigue sorprendernos y subir un peldaño más. Esta vez no han defraudado. Nunca lo hacen.

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Chema Medina

Sígueme en twitter: @chema_medina

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