[Crónica] Mika en la sala Razzmatazz de Barcelona: Cómo no quedar olvidado en el tiempo

Fotos: Jaume Maneja

Llego a la sala Razzmatazz este martes de noviembre algo cansado de todo el día y listo para poder ver el aclamado show del libanés en concierto gracias al Festival Mil·lenni. Mika tiene un poder que solo los más grandes artistas tienen y es que, a pesar de llevar 4 años sin sacar álbum y hacer bastante más de su último nº1 en las listas todo el mundo sonreía cuando le explicaba que iba a cubrir el concierto del cantante de pop en Barcelona. No ha conseguido quedar en ningún momento en el olvido, como bien demuestra una sala llena hasta los topes después de muchos años sin venir y un foso a rebosar de fotógrafos y que, además, se quedaron hasta acabar el concierto, cosa no siempre habitual.

Fans de Mika esperan con hojas, pancartas, mensajes, cds a su ídolo mientras el libano-británico arranca con Ice Cream, una delicia de su último álbum cuyo beat es perfecto para inaugurar el show. Su voz preciosa y llena de técnica no para de brillar y el espectáculo se centra varias veces en ese elemento, como en el inicio de Dear Jelousy, además que su característica forma de bailar con más ganas que habilidad y la interacción con su carismático bajista, no paran de generan un buen rollo en el ambiente que cautiva desde el primer momento.

Más cautivado estoy cuando llega Relax (Take it Easy) el primer éxito de la noche, donde se puede ver brillar el característico falsete de Mika en un gran tema y uno de los momentos de la noche. Después de unos mensajes de amor aclamadas por su público y su potente juego en el escenario, llega algún que otro repaso a sus antiguos álbumes, como en Origin of Love, Big Girl (You’re Beautiful) o Underwater, llenas de sus mensajes de autoaceptación, amor libre y coraje para los colectivos discriminados.

El show de Mika no sólo está realmente cuidado en el sonido y se apoya en el gran talento del solista, sino que también abre las puertas a jugar, como en el hecho de dejar a una fotógrafa subirse al escenario para posar para ella o en sus grandes apariciones al piano. Él consigue un equilibrio muy interesante entre un espectáculo potente y bien ideado y la frescura de los momentos improvisados.

Llegamos a la segunda mitad del concierto y llega la artillería pesada. La sala se viene abajo para recibir temas como Lollipop, Live Your Life (muy extraña en los conciertos del cantante, pero muy conocida en nuestro país por un spot), Happy Ending o Love Today, grandes éxitos de un hombre que sin duda también destaca como compositor.

Con We Are Golden se llega al momento de los bises, en el que todo el mundo sabía que iba a pasar. Mika se dirige al piano cargado con una bandera LGTB para empezar con los acordes de Grace Kelly, el colofón final que funcionó a la perfección, teniendo como guinda Stay High, uno de los temas más aclamados de My Name is Michael Holbrook, y un premio a los asistentes, a los que, como a mí, se le hizo bien corto el concierto.

En definitiva, puede parecer a simple vista que Mika está desaparecido de las listas de éxitos, pero, como solo pasa con los buenos compositores e intérpretes de pop, que abundan poco, tiene todo el tirón que tenía antes y las tablas y preparación suficiente para plantarme en la cara uno de los mejores conciertos del género que he visto nunca.

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