[Especial] Rayden, el dolor hablado

A veces no somos capaces de decir lo que sentimos con palabras, somos incapaces de expresar lo que nos llena por dentro y buscamos maneras de poder decirlo sin crearlo nosotros mismos. Hoy os vengo a hablar de alguien que sabe poner las palabras esenciales en aquellos momentos que no somos capaces de hacerlo, con su música, con sus letras y con su verdad, abre ese camino que veíamos imposible y nos ayuda a remar para darnos cuenta de una realidad que nos daba miedo aceptar.

Hoy, David Martínez Álvarez es el protagonista de cada palabra que formará y llenará este artículo. ¿De quién os hablo? Escuchad la siguiente canción y lo entenderéis todo:

Comúnmente conocido como Rayden, me adentro en el mundo de un hombre que ha creado una unión bella compuesta por la música y algo tan único como la literatura. Reconocido por su talento en el mundo de rap, David escribe y podemos encontrar tres libros  suyos de poesía en el mercado literario, tres obras donde podemos encontrar su alma reencarnada en diferentes páginas de papel que componen cada una de ellas. Herido diario, Terminamos y otros poemas sin terminar y El mundo es un gato jugando con Australia son tres poemarios donde encontramos a David hablándonos, directamente, de tú a tú expresándose en pleno dolor, pensamiento y realidad de su día a día, mostrándonos al humano, a David, y no a Rayden. Pero no sólo encontramos a David en estos libros, no sólo encontramos lo humano que hay detrás de la figura de “Rayden” en estas obras… adentrémonos en su música para ver que detrás de “Rayden” hay verdad, y dura. Para observarlo me centraré en dos canciones muy reconocidas de él que son: Los dioses también sangran y Matemática de la carne.

Fuimos a hacer el amor
Y parece que volvimos de la guerra
Me sentí astronauta
Cuando me abriste la puerta
Perdido en tus lunares
Diciendo adiós a la tierra
Borrando en el felpudo el camino de migas
Para que nadie siga el rumbo
Que entreven tus piernas cuando caminas
Polvo a polvo formando una línea

Estamos delante de los primeros versos de Matemática de la carne, un himno al vivir sin límites. Cuando te enamoras sin frenos, sientes esa necesidad hacia la otra persona porque con ella te sientes libre y realizado/a a la vez, ese nudo en el estómago que te crea todo sentimiento posible por su presencia y conocido por el ser humano… esto es lo que nos canta David aquí. Ese acto de querer y vivir una guerra, una lucha que se siente entre lunares y perdiéndote en el cuerpo de esa persona, diciéndole adiós a todo porque teniendo a tu esencia allí, contigo, delante, nada más valdrá la pena en ti ya que esa persona se encuentra allí, contigo.

Una recta entre tus curvas
Y mis indirectas con puntería
Volaron los minutos teniéndote cerca
Ocultos, y jugando mudos juntos
A ese truco o prenda
Con el lenguaje de las manos
Leyendo el braile cada surco de piel
Pero también tus labios
Vivimos sin horarios lejos de calendarios
Versos de pasión y no de aniversario
Todo lo que te dije lo hice
Cicatrices que aún recuerdo en sueños
Cuando despertamos vecindarios

La noción del tiempo totalmente perdida, esas marcas que se quedan por todo lo vivido con la persona que te enamoró y marcó sin retorno… algo tan bonito que te deja prendido sin remedio. Una realidad que toda persona que la ha vivido sentirá la verdad en esta canción, el canto hacia un amor intenso, real y puede que jodido y difícil, pero… ¿cuándo el querer ha sido fácil?

Te comería a versos pero me tragaría mis palabras
Por eso mejor dejarnos sin habla

Acabar queriendo estar en silencio, mirando a aquel o aquella que te ha creado una revolución interna que no sabes cómo controlar… algo tan nuevo que puede dar miedo. Un miedo que rompe, que se queda y te destroza por como acaba consumiéndote y más al ver que a quien quisiste y diste todo, acaba yéndose y te deja allí, roto, sin palabras y sin alma…

De la belleza del amar sin despropósito pasamos al dolor de una realidad, del aceptar que no estás bien y del pedir ayuda para renacer.

Llorando a mares, secando amores, parole
Y con mi orgullo en tu vitrina
Voy sacando pecho cuando se me cae este techo encima
Ahorrándome el disgusto
A base de guardar rencores por si los recogerías
De cómo me medías, para que medias verdades fueran la misma mentira
Di como comedida, tu odio fue otra unidad de medida

El saber la verdad, como has ido guardando todo pero obviamente no iba a vivir en ti siempre. La pena y la rabia explotarán y saldrán sin control, de cualquier manera y tú no podrás remediarlo y por ello, al final lo verás… has de parar. Es fácil que te digan “has de superarlo” pero es demasiado complicado el aceptarlo y hacerlo. David aquí, en Los dioses también sangran nos muestra una realidad, difícil pero absolutamente cierta:

Aunque lo odiemos, somos humanos. Vivimos, sentimos y lloramos.

Cómo duele que el recuerdo siga vivo
Haga ruido y sea quien mueve los hilos
No conmigo, ya no soy ese pelele
Corto el cable y se le tira de latido
Dolorido, pero más duele la herida

Solo el tiempo te dará la herramienta para poder avanzar. No es fácil y a veces querrás tirar la toalla, pero lo agradecerás cuando veas todo el camino que has recorrido y como acabarás sintiéndote contigo/a mismo/a. De esta dura y a la vez real canción hay una frase de David que quiero remarcar, corta pero a la vez tan profunda… mostrando que con pocas palabras se puede decir todo:

No creas todo lo que piensas.

Dos verdades, el amor y su realidad idílica de vivir con “la persona” todo aquello que deseas, sintiéndote inigualablemente feliz e imparable, pero a la vez el dolor de la perdida. La aceptación de volver a empezar, el romperte por dentro y el descubrir que igual toca pedir ayuda para renacer, para volver a vivir, para volver a ser quien eras antes de romperte en mil pedazos… Esto es David, esto es Rayden. Verdad escrita desde la música o la poesía, pero verdad.

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