Kaiser Chiefs en Barcelona: I Predict A Riot!

Jueves, 6 de febrero de 2020. Apenas llevamos mes y medio, pero me disponía a asistir a mi concierto número 4 del año y el primero de 3 días seguidos de conciertos (2 de ellos cubiertos para este blog) y de los que aún arrastro un cansancio descomunal. A primera hora de la tarde me puse rumbo a Barcelona, reflexionando que justamente iba a ver a dos artistas que me quedé con las ganas al no poder asistir al Dcode el pasado año: Kaiser Chiefs y St Woods, este último sería el encargado de abrir el directo de la conocida banda británica.

Llegué a la sala en el momento de abrir puertas y para mi sorpresa, estaba vacía. Se nota el tipo de público que mueven los Kaiser: nada groupies ni hostias por primeras filas. Por todos es sabido que la primera fila como dice una banda que me gusta muchísimo, ‘mi obsesión’, pero en vista de lo que me esperaban los dos días siguientes, me fui a las escaleras del fondo de Razzmatazz para racionalizar un poco las fuerzas.

St. Woods me sorprendió, mucho. Suena muy bien en directo, y está acompañado por su banda formada por guitarra, bajo y batería. Saludó en catalán y explicó que chapurrea un poco el idioma por el APM?. Además, bromeó bastante con el público y tocó entre otros temas, su preciosa versión de Roxanne (que la verdad, quedó su voz incluso un poco camuflada entre el instrumental) y Wasted Love, su single más reciente que salió hace escasamente 2 semanas.

Nacho dejó claro que es un chiquillo que se financia su propia música, por lo que fue muy franco con el público y lo animó a que comprasen merchandising para así poder pagar los gastos que conlleva este mundo. Además, interpretó un tema (del que no quiso desvelar el título) y es el que da título a su (por fin) primer álbum de estudio que saldrá muy pronto. Su directo es muy interesante tanto a nivel vocal como instrumental y tiene todos los ingredientes para los festivales de verano que tanto nos gustan.

La sala poco a poco se empezó a llenar mientras sonaban temazos del calibre de Ready To Start o Heroes de Bowie. Algo que me chocó fue ver a gente yendo a un concierto de Kaiser Chiefs con tacones de aguja… Bueno a Kaiser Chiefs o a cualquier concierto que no sea en un auditorio o similar.

Empezó a sonar Money For Nothing de Dire Straits y no pude evitar enviarle a mi padre un vídeo como gran fan de la banda, mientras salían al escenario los Kaiser. Antes de nada, mencionar que el escenario estaba muy elaborado: los de Leeds montaron un escenario que evocaba a una finca (la imagen gráfica que han querido mostrar con Duck, su último trabajo), con una caseta (desde la que salieron al escenario), un cartel con el nombre ‘El Loco’ y ruedas de tractor sobre las cuales estaban Peanut (sintes y teclado) y Vijay (batería). La formación la completan Ricky Wilson (cantante), Whitey (guitarra) y Simon (bajo). Además, de unas enormes letras con el nombre de la banda rellenas de bombillas.

People Know How To Love One Another fue el tema con el que arrancó oficialmente el concierto y ya pudimos ver a un Ricky Wilson con carisma para aburrir. Mucho juego con el micro, incluso el pie de micro llegó a tener complejo de pelota de fútbol durante el conocidísimo tema Na Na Na Na Naa. Por momentos los saltos y la presencia escénica de Ricky me recordaron a Alex Kapranos de Franz Ferdinand.

Era la primera vez que los veía en directo y la verdad que esperaba que ese carisma sirviese para interactuar más con el público. Iban con la 5ª marcha puesta, sin parar, sin respirar siquiera. Tras Factory Gates, tema que abre el álbum Education, Education, Education and War, con unos buenos toques de sintes y con cierto aire militar al principio hubo la primera interacción hacia el público: un escueto muchas gracias, y a seguir.

Parachute fue un tema que me gustó mucho como sonó en directo. Posiblemente fuese hasta la fecha en que salió (allá por 2016), de lo más diferente que habían hecho los Kaiser Chiefs. Los sonidos tenían una clara influencia a Coldplay de A Head Full Of Dreams y fue curioso que la banda de Leeds se decantara por ese estilo, aunque la jugada les salió redonda. No tardó en salir el que es posiblemente mi tema favorito de ellos, Coming Home. Por un tema personal, me hizo especial ilusión escucharla por fin en directo, y me hizo pensar (quizás) demasiado en ese momento. Pero la conclusión fue clara: todo llega. Y si Parachute sonaba a Coldplay, Coming Home era 100% U2.

Evidentemente en la gira de presentación de Duck, no podían faltar Golden Oldies o Northen Holiday. Pero… ¿Alguien ha venido aquí por los himnazos indie de los 00’s? Estáis en el sitio correcto. Si bien es verdad que me he quejado de la falta de interacción y, spoiler, no la hubo, fue inexistente. Pero al público no le importó. Como pudisteis ver en las stories de Instagram (cuando no estoy con la cámara en mano, os doy contenido por allí, ya lo sabéis) fue una p*** locura en cuando empezó a sonar Everyday I Love You Less And Less. O sea, cervezas volando por la sala, la Razzmatazz entera coreando la canción… El primer momento cumbre del concierto, porque oh, ¡sorpresa! Si ya estábamos arriba sólo tenían que tocar seguidamente otro temarraco como es Ruby. Así, tal cual, sin anestesia.

Un apunte, Ricky Wilson se marcó un Santiago Segura con la ‘autopromoción’ al llevar una camiseta con el nombre de la banda y un pato fluor en la espalda, en referencia al álbum. Como era de esperar, tras dos hits, casi cualquier otro tema sería un bajón, pero contrarrestaron un poco la caída con Modern Way, de su aclamado trabajo Employment. Volvieron los juegos con el pie de micro, en perfecta sincronía con la banda… eso también tiene su dificultad. Tras un par de cortes más ‘de relleno’ como One Of These Days y Hole In My Soul, llegó Never Miss A Beat para empezar a encarar la recta final del concierto.

Aunque aún quedaba otro momento himno: I Predict A Riot. Y fue eso, una bendita locura para el público. Saben dónde duele, cuales son sus cartas maestras para tener al público en el bolsillo sin despeinarse. Y me esperaba a un Ricky Wilson en el foso, subiéndose a la barrera, incluso saltando entre el público. Pero no se movió del escenario, no le hizo falta. Razzmatazz estaba en éxtasis.

Tras ese caótico I Predict A Riot, un mítico pero ni por asombro igual de potente, The Angry Mob, daba paso a ese pequeño parón antes de los bises.

Los bises fueron escuetos: Record Collection, que fue el single debut de Duck y con un videoclip muy Art Attack con el que se desveló la portada del álbum y Oh My God, con cañonazo de confeti. Aunque sentimos decir que Dorian siguen teniendo el récord mundial, lo sabemos de primera mano. Eso sí, hay que destacar que el instrumental que se marcaron para cerrar el tema y el concierto fue una burrada de bueno.


A juzgar por la velocidad del concierto (apenas una hora y veinte minutos para tocar casi 20 temas) parecía un propio set para festivales. El setlist en líneas generales fue lo esperado, quizás falló un poco al no acabar con I Predict A Riot y pasar a los bises. Me falló interacción con el público, no en el sentido de hablar si no como he dicho de bajar al foso, tirarse al público… Más festival, y energía la verdad es que no les falta, ni a Ricky Wilson carisma, va sobrado. He llegado a la conclusión que ellos son mucho más de festivales que de sala. Así que… ¡Espero comprobar si eso es cierto en algún festival!

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