Niño, apaga esa cosa que no oigo mi música de verdad: un pollavieja, cuando sea

Ya no se hace música como la de antes. Y es cierto, hace ya algún tiempo que no se ve a nadie en la Razzmatazz perreando con la rapsodia húngara nº2 de Liszt. Eso sí que eran buenos tiempos, y no la bazofia del blues y el rock and roll que se escucha ahora.

Suena raro, ¿no? es irónico cómo estamos abocados a repetir la historia una y otra vez, atrapados en un día de la marmota que dura varios años y, aún así, nos sorprende que la gente que ha vivido otras épocas considere la actualidad como una especie de distopía steampunk en lo que a música, (y tatuajes, y películas, y pensamiento de clase, etcétera, etcétera, etcétera), se refiere.

Es posible que, no pocas veces, hayamos oído a alguien despreciar el reggaetón porque -razones absurdas-. O que hayamos criticado a One Direction porque es música prefabricada, en lugar de criticarlos por ser el resultado de la explotación, hasta la saciedad, de un fenómeno juvenil que acabó por ser exhaustivo hasta para ellos mismos. Lo mismo con Justin Bieber que, a ver, en realidad es gilipollas, pero eso no tiene nada que ver con su música.

Todos y todas, yo me incluyo, hemos pasado por esa fase de puretas de algún estilo en la que hemos pensado que todo lo demás era una mierda tan grande que solo sería digna del mayor vertedero del mundo: Estados Unidos… quiero decir, el que sea el mayor vertedero del mundo, que no sé cual es ni donde está.

Sin embargo, de igual manera que con el tiempo una manzana pasa de ser nada a ser verde y, después, roja, nuestro gusto musical y, esto definido por nuestro propio crecimiento y maduración personal, crece, se amplía y acabas por reconocer que, bueno, no toda la música tiene por qué gustarte. Pero de la misma forma que no te gustaría que alguien por la calle te coja por el cuello y te diga a la cara que le das puto asco por ser -gira la ruleta- de Murcia, cosa bastante fascista todo sea dicho, pues tú no vas y pones en ridículo a alguien por estar suscrito al VEVO de Chris Brown. Bueno eso sí, porque Chris Brown es un zurullo del tamaño de Israel, que, por cierto, os lo digo de paso, no existe.

La cosa está en que, aunque esté en nuestro destino pasar a convertirnos, dentro de unos años, en la generación que despreciará a sus nietos por escuchar música generada por una IA, con algoritmos lavacerebros alojada en un servidor de Pedro Sánchez en su mansión marxista en Tetuán en lugar de escuchar música de verdad, como las obras maestras de Bad Bunny o Kase.O, por ahora deberíamos hacer el esfuerzo de ser algo menos puretas, abrir nuestra mente a nuevas posibilidades, y dejar disfrutar a los demás con cualquier mierda que les guste, que para eso están, Ramón.

Ojo, que todo esto os lo estoy diciendo yo, posiblemente eje principal de la oposición alicantina contra One Direction y Auryn. El cambio es posible, el cambio está en ti. Vote for Kanye 2020.

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