[Reflexión] Somos un perro pulgoso y no somos capaces de ver nuestras propias pulgas

Aunque no lo creáis, vivimos en una sociedad de borregos. Estoy convencido, de hecho, que servimos de ejemplo al mundo de cómo no comportarse ante una situación de máxima urgencia. Nos dejamos guiar por personas que prometen mil cosas y hacen campaña con tal de abrirnos los ojos y que, después, son los primeros en abandonar el barco como ratas.

No me estoy refiriendo, por desgracia, ni a políticos, científicos ni a los miles de profesionales de la salud que velan por nuestras vidas diariamente y que se dejan las suyas propias a cambio de nuestra ingratitud.

Por supuesto, y por desgracia, me refiero a todas aquellas personas que se dedican a desinformar, a especular con la información tratando de obtener un beneficio político para aquellos que apoyan sus ideales. Y, quizá lo que me resulta más triste, es que es gente del tipo de Miguel Bosé, Alaska o Mario Vaquerizo, que se autoproclaman abanderados de algunos movimientos mientras estos les sirven hasta que ven la oportunidad de venderse para hacer anuncios para bancos o caen en las redes de alguna secta que les come el cerebro con “plandemias” y conspiraciones gubernamentales mundiales para lavarnos el cerebro y manejar nuestras conductas.

Es triste que, tras tantas explicaciones, tantas peticiones, casi ruegos, para que tratemos nosotros mismos de cuidarnos los unos a los otros, venga un soplapollas que no tiene ni puta idea de salud a convocar una manifestación anti-mascarillas, movilizando a cientos de miles de ingenuos e incrédulos que prefieren creer a pies juntillas lo que dice alguien con un estado cognitivo yo diría que algo alterado, en lugar de contrastar la información con datos fiables.

Leía esta mañana que todo esto responde a que es más fácil aceptar que todo viene de un enemigo tangible y tratar de luchar, que admitir que el conjunto de la humanidad, por primera vez en siglos, se encuentra a la deriva en un océano de dudas y que no tenemos ni puta idea de cómo afrontar el conjunto de problemas que tenemos encima.

Sinceramente, admito que tiene algo de razón y peso este argumento. Sin embargo, viendo que el personaje que ha movilizado a toda esta gente, porque la verdad es que no encuentro un adjetivo mejor para calificarlo sin que sea demasiado insultante, no ha acudido siquiera a hacer acto de presencia, me inclino a pensar que todo tiene que ver con que, al final, todo se reduce al individualismo egocéntrico de siempre. Un individualismo en el que priman los intereses ideológicos de un trozo de mierda por encima de la salud de miles de personas. Pero luego no vayamos a culpar a esta concentración de posibles rebrotes, que no es el 8M.

En definitiva, creo que nos hace falta, como sociedad, hacer un poco de autocrítica, ver por qué motivo acabamos siempre asomándonos al abismo y culpando de todo a quienes se están dejando los cuernos por alejar el abismo de nosotros, ya que nosotros nos resistimos a que nos alejen.

Y, os lo digo ya, el motivo es que estamos cegados por nuestra idolatría. Por la innata necesidad que tenemos de dejar en manos de un ser superior a nosotros todos nuestros problemas, confiando que estos se resolverán de por arte de magia. Sin embargo, y os lo digo sin mayor problema, hemos podido ver cómo, a lo largo de este año, Miguel Bosé ha demostrado estar no sólo muy alejado de ser un ente superior y divino, sino que es un ser sin escrúpulos ni ética alguna capaz de cualquier cosa por ver cumplidos sus caprichos. Como, por ejemplo, comprar vidas humanas.

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