‘Antes facha que chavista’: el derecho a la integridad de una obra VS. la parodia y la libertad de expresión

El pasado 11 de octubre, la artista María Isabel se vió obligada a publicar un comunicado en el que se desvinculaba de la parodia política Antes facha que chavista. De nuevo, el debate, la polémica y la confusión entorno a la normativa sobre Propiedad Intelectual estaba servida…

Sin ser yo una experta en legal, me sentí inspirada por el caos del debate en Twitter, y me pareció que éste podía ser un buen tema para ✨✨estrenarme como redactora en La Musikalité ✨✨. Sin entrar en las valoraciones políticas del conflicto, me gustaría contextualizar la situación y hacer una revisión jurídica sobre los límites existentes en la transformación de una obra original. ¿Está en su derecho María Isabel de “proteger” Antes muerta que sencilla? ¿Quién aprueba la “legalidad” de una parodia: SGAE, YouTube, el artista original? ¿Podemos considerar esto como un acto de censura?

Comencemos por el principio… ¿Qué es lo que ha pasado?

Ante la viralización de la parodia, la autora de Antes muerta que sencilla, canción ganadora del festival Eurojunior de 2004, publicó un comunicado en el que, entre otras cosas, decía: «No sabía nada y por supuesto yo no tengo nada que ver con este asunto […] no comparto el mensaje político con el que se ha instrumentalizado mi canción». La artista también declaraba haberle solicitado a SGAE (Sociedad General de Autores y Editores) que analizaran el caso y tomaran las medidas legales pertinentes.

El comunicado de la cantante no sentó de buen agrado entre los parodiantes, Los Meconios, que esgrimaban un ataque a la libertad de expresión de aquellos que tienen ideas políticas diferentes; y ponían en duda que la reacción de la autora hubiera sido la misma si la canción se hubiera llamado Antes rojo que fachita.

Otro de los implicados infovloggerYT – actualmente con la cuenta suspendida –, daba a entender que la artista no sabía lo que hacía: «La SGAE aquí ni pincha ni corta. Es una parodia y YouTube la ha aceptado. Por tu regla de tres Los Morancos tendrían que estar hasta arriba de denuncias». El mismo usuario explicaba que no entendía el malestar de la artista, ya que con los vídeos parodia la monetización es compartida y en gran medida, beneficia (económicamente) a los autores originales.

ENTONCES, ¿Cuál es el problema?

En primer lugar, debemos conocer cuál es la normativa aplicable a la hora de abordar este problema. El marco de referencia sobre la propiedad intelectual en España es el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, de la Ley de Propiedad Intelectual (ver aquí). Este texto, actualizado por última vez el pasado 8 de julio de 2020, todavía no integra (aunque debería) la Directiva (UE) 2019/790 del Parlamento Europeo y del Consejo, de 17 de abril de 2019, sobre los derechos de autor y derechos afines en el mercado único digital (accesible aquí); o también conocida como la famosa directiva europea que iba a destruir Internet tal y como lo conocíamos, contra la que Google y YouTube hicieron una brutal campaña en contra del artículo 13 (aprobado finalmente como el artículo 17).

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que los derechos de autor en España se dividen en derechos morales y derechos patrimoniales. Los derechos morales velan por la protección del autor y de la obra; son irrenunciables, intransferibles y no prescriben. Los derechos patrimoniales afectan a la explotación económica: son transferibles y prescriben 70 años después de la muerte del autor; es decir, la obra pasa a dominio público. Dentro de los derechos morales se reconocen, entre otros, el derecho al reconocimiento de la autoría y el respeto a la integridad de la obra (art. 14.4):

Exigir el respeto a la integridad de la obra e impedir cualquier deformación, modificación, alteración o atentado contra ella que suponga perjuicio a sus legítimos intereses o menoscabo a su reputación.

En resumen, los derechos morales tienen presente que la obra es una manifestación del autor, un reflejo de su personalidad, y como tal, dotan al autor de derechos para proteger su legado artístico. Esto implica defender que su obra sea conocida tal y como fue concebida, y que se mantenga así hasta que él o ella mismx decidan cambiarla.

Por otro lado, cuando hablamos de los derechos patrimoniales nos referimos al negocio. Dentro de éstos, encontramos el derecho a la transformación (art. 21) que se define como “traducción, adaptación y cualquier otra modificación en su forma de la que se derive una obra diferente”. No todos los cambios sobre una obra original, darán lugar a una obra derivada; deben ser cambios de cierto calado, como una modificación de la letra o los arreglos musicales; y tienen que estar autorizados previamente por el autor. Por ejemplo, versionar Antes muerta que sencilla con una instrumentalidad diferente, a un tempo diferente, y en una tonalidad diferente, no dará lugar a una obra derivada, por lo que no necesitaremos la autorización del autor para interpretar esta o cualquier otra cover. Si decidiéramos subir esa cover a YouTube, teóricamente no podríamos ganar dinero con ella, ya que no seríamos los autores de la obra original y esos ingresos deberían cobrarse por estos autores.

Ahora bien, dentro de los límites a los derechos de autor encontramos la parodia en el art. 39: No será considerada transformación que exija consentimiento del autor la parodia de la obra divulgada, mientras no implique riesgo de confusión con la misma ni se infiera un daño a la obra original o a su autor.”

Es decir, cualquier persona está en su derecho de hacer una parodia de cualquier obra sin tener el consentimiento previo del autor; por este motivo, los Morancos o cualquier otrxs cómicxs no son demandados por parodiar canciones. Sin embargo, debemos prestar atención a la condición que pone la norma, y es que la parodia no debe infringir daño a la obra original o su autor. Si todavía no me habéis abandonado a lo largo de este artículo, recordaréis que la transformación se encuentra dentro de los derechos patrimoniales (explotación económica), mientras que el derecho a la integridad de la obra formaba parte de los derechos morales (legado artístico del autor).

En el momento que María Isabel declara: «No sabía nada y por supuesto yo no tengo nada que ver con este asunto […] no comparto el mensaje político con el que se ha instrumentalizado mi canción» lo que está manifestando es:

1º- Ella no autorizó la parodia (lo cual hemos comprobado que no era necesario).

2º- En ningún momento habla de problemas relacionados con la explotación económica de la parodia (derechos patrimoniales), sino con su mensaje. En el momento que modifican la letra y le dotan de un sentido político, “instrumentalizándola”, se modifica la intención, el motivo con la que la canción fue concebida. Es decir, afecta al derecho de la integridad de su obra.

3º- Ella no está de acuerdo con la manera en la que se ha instrumentalizado su canción, por lo que puede creer que le daña como autora o a Antes muerta que sencilla como obra. Por este motivo, puede decidir intervenir y tomar medidas para protegerse, tal y como recoge el art. 14.4 integridad de la obra y art.39 parodia. En resumen, siempre que esté el factor “daño”, el autor puede tomar la iniciativa de intervenir en una obra derivada, sea parodia o no. Debido a que gran parte de los autores ceden la gestión de sus derechos de autor a entidades de gestión de derechos como SGAE, es normal que la autora acuda a éstos para que sean los responsables de solucionar el tema en su nombre.

DUDA RAZONABLE: ¿CÓMO DEMUESTRA MARÍA ISABEL QUE LA PARODIA LE DAÑA A ELLA, O A ANTES MUERTA QUE SENCILLA

Partiendo de la base de que me resultaría extraño que este tipo de polémicas llegaran a juicio, no creo que María Isabel tuviera complicado alegar que una canción con contenido político (fuera el que fuera) puede dañar su imagen pública o su reputación. Aún más, si tenemos en cuenta que la joven ya protagonizó una polémica “ideológica” por un tweet de 2014 donde reflejaba cierta simpatía por el régimen franquista:

No voy a hacer más extenso este artículo recordando cómo se desarrolló esta crisis para la artista (si os interesa podéis leer sobre ello en este artículo de Icon), pero el caso es que podríamos afirmar que la cantante tuvo que esforzarse mucho para distanciarse de una posición de simpatía hacia el franquismo (hasta el punto de que llega a definirse como “de clase obrera”), por lo que no es complicado entender que la autora pudiera ver en esta parodia y su mensaje una nueva amenaza para su imagen y su reputación.

¿CÓMO TERMINARÁ ESTE TEMA?

Según la artista, por el momento los expertos de la SGAE están analizando las medidas que se pueden tomar en el asunto, aunque éstos sólo tienen encomendada la gestión de algunos derechos patrimoniales. Si la artista finalmente quisiera alegar daño a la integridad de la obra o incluso un daño moral, tendría que hacerlo a través de sus propios abogados. En cuanto a las negociaciones, lo normal sería que al comienzo intentaran llegar a un acuerdo “de buena fe” con los propios comediantes donde ellos mismos retiraran el vídeo de YouTube, y cesaran la distribución de la parodia. Si esto no sucediera, es posible que los abogados de la cantante contactaran con YouTube para solicitarle a la plataforma que retirara el vídeo y sus posibles copias, ya que la autora de la obra original ha mostrado su rechazo sobre el uso derivado que están haciendo de su obra. Ante tal cuestión, YouTube podría ceder a retirarlo (normalmente suelen evitar problemas con los autores); aunque también sería posible que la plataforma solicitara una denuncia o una sentencia jurídica para proceder a cesar estos vídeos.

¿PODEMOS CONSIDERAR ESTO UN CASO DE CENSURA O LIMITACIÓN A LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN?

La libertad de expresión viene recogida en el art.20 de la Constitución Española como uno de los derechos fundamentales. Dentro del art.20.4 se menciona que Estas libertades tienen su límite en el respeto a los derechos reconocidos en este Título, en los preceptos de las leyes que lo desarrollen y, especialmente, en el derecho al honor, a la intimidad, a la propia imagen y a la protección de la juventud y de la infancia”.

De nuevo, al igual que en la normativa de Propiedad Intelectual, se marcan límites en el ejercicio de esa libertad si vulneran el derecho al honor o a la propia imagen. Al final, nos encontramos en el caso de una autora en contra de modificación que han hecho de su obra, donde podría alegar que la parodia daña a su imagen como artista – porque no quiere que se le relaciona a ella ni a su obra con el contenido de un mensaje político que no comparte o, simplemente porque la canción no estuvo creada con ese fin ni con esa intención, y alterarla con un mensaje político daña a la integridad de “Antes muerta que sencilla”. Es decir, la autora no está en contra de que Los Meconios hagan uso de su derecho a la libertad de expresión transmitiendo el mensaje que quieran, sino de que lo hagan instrumentalizando su obra. En definitiva, si los cómicos quisieran asegurarse de no volver a tener conflictos de este tipo, siempre podrían optar por la solución de crear canciones originales, y evitar futuras polémicas relacionadas con los derechos de autor y las obras originales de otros artistas. En cualquier caso, este tipo de polémicas no son sencillas y, según se argumenten, pueden ir hacia un lado o el otro, por lo que legalmente no hay una respuesta clara y definitiva. Finalmente, me gustaría terminar este artículo con un agradecimiento especial a Tamara Criado, abogada experta en Propiedad Intelectual, por ayudarme a corregir este artículo y resolver todas mis dudas. 💛✨

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