[Reflexión] La música en el instituto: ¿por qué muchas veces no funciona?

No sé vosotros pero yo odiaba la música de la ESO. No podía con la flauta, la historia de los compositores me parecía aburrida y las notas y la teoría musical ya me las sabía porque iba al conservatorio.


La mayor parte de la gente que conozco no estaba contenta con esta asignatura, y la verdad es que es una pena. ¿Quién aborrece la música? Nadie. Entonces, ¿de dónde viene el problema? De varios factores:

Los contenidos


Los contenidos recogidos en el BOE son, a mí modo de ver, muy interesantes. En la etapa de la ESO se contemplan cuatro bloques: un bloque de escucha centrado en la audición, en las cualidades del sonido y el lenguaje musical; otro de interpretación más práctico, pensado para que los propios alumnos hagan música; un tercer bloque de contextos musicales (aquí entraría la temida historia de la música) y un último bloque de tecnología musical.


El currículum es variado y completo y abre muchísimas posibilidades, pero también es flexible. Cada profesor puede dedicar más tiempo a la sección que más le guste, que no tiene que ser necesariamente la que le guste a los alumnos. Por alguna extraña razón hay mucha fijación con enseñar “cultura general”. Estoy de acuerdo al 100% en que los niños tienen que saber quién es Bach o Beethoven igual que deberían saber quién es Marie Curie o Bécquer. Lo que no puede ser es que un niño salga de esa clase sin saber quién es Bruce Springsteen, que sepa lo que es una negra pero no haya escuchado nada fuera de su lista de Spotify en todo el curso y que no haya cantado una canción una sola vez. Ahí es donde hay que cuidar los contenidos.


Los profesores


Este es un tema escabroso… La verdad es que cuando estudias música de forma profesional tu vocación normalmente no es ser profe de instituto. Si no llegas a ser intérprete, puedes intentar ser profesor en un conservatorio, pero ¿en un colegio o un instituto? Hay pocos con esa idea en la cabeza. “No me he comido quince años de estudio para terminar enseñándole a un chaval que un violonchelo no es un violín grande”. Los profesores que vienen de musicología sí que tienen un poco más clara esta salida profesional y no es tan traumático, pero sigue habiendo un ambiente muy alto de frustración.
Con estas personas se genera un círculo vicioso: yo no he logrado mi meta con lo cual no estoy satisfecho con mi vida, así que lo pago con mis alumnos, ellos odian mi asignatura y yo me frustro aún más.

No se puede esperar que a un alumno le guste una asignatura que al profesor no le gusta impartir. Caer en eso es un desastre, porque si de verdad se ama la música se puede disfrutar muchísimo enseñando sobre ella a personas que no saben tanto pero quieren aprenderlo. La música es una mezcla de matemáticas con sentimientos, historia, física, es algo que los alumnos escuchan día a día. Quieren conocer más sobre ella.

Los métodos y recursos


Si el profesor en cuestión coge el libro y empieza a leer para subrayarlo, estamos perdidos. Quiero decir, ¿cómo vamos a aprender sobre música tomando apuntes única y exclusivamente? Tienen que escucharla y hacerla, no escribir sobre ella, eso se puede hacer en clase de literatura. En una clase de música tiene que sonar música.


Cada uno se apaña con lo que puede, y hay directores que están abiertos a comprar tres ukeleles y seis carrillones para el aula de música, y otros que menos. Sin embargo, estamos en el siglo XXI, tenemos recursos a mansalva, y con imaginación se pueden hacer muchísimas cosas en clase.
Hay posibilidades infinitas: vídeos, instrumentos, programas de ordenador con los que hacer composiciones, listas de Spotify…


Éstas últimas son una herramienta buenísima: de esta manera abren su espectro, y chavales que solo escuchan trap y rap descubren que la música relajante está genial para estudiar, los fans de Aitana ahora escuchan también K-pop, y los más clásicos les recuerdan a los demás que existen los Beatles o Serrat. Yo intento meterles sin que se enteren a Bach y a Fauré, y a veces hasta funciona.


Esta abertura debería ser un objetivo curricular principal, y yo si lo logro, me doy con un canto en los dientes.


Las películas


Suena a broma, pero de verdad que mucha gente se consuela pensando que esto va a ser como Sister Act o Los Chicos del Coro, y es que es complicado que en una clase te coincidan más de seis que afinen.
Claro que se puede crear un coro, si sabes venderlo y hacerlo divertido, y si le pones unas ganas tremendas. Hay que entender que se trata de adolescentes, y eso de cantar en grupo es bastante poco popular. Pero el que la sigue la consigue.

En general, creo que la clave de enseñar música en un colegio o un instituto es escuchar a los niños y ver cuáles son sus intereses. El currículum del curso se puede compaginar con un sinfín de actividades complementarias, y así se fomenta el interés de los alumnos y no caen en el aburrimiento. Y lo más importante de todo: nunca darse por vencido. Nadie, digan lo que digan, nadie odia la música. El trabajo de un profesor, su objetivo principal, tiene que ser contagiar ilusión por ese algo mágico que es la música.

Como todo, esta asignatura irá evolucionando, y con ella sus docentes. Esperemos que estas clases se conviertan en un momento de la semana en el que los alumnos descansen y al que estén deseando llegar.

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