Festivales Reflexiones

[Reflexión] El (sin)rumbo de los festivales

Zahara | Foto: Esther Cobos

Si por algo nos diferenciamos La MusiKalité de otros medios amigos es en nuestro ‘core’. Unos medios se centran en entrevistas, otros en reviews, en dar difusión… Nuestro punto fuerte (además de cubrir conciertos) son esos artículos en los que nadie nos pide opinión y hablamos sobre ellos. Si saben cómo me pongo… ¿Por qué me invitan?

La verdad que echaba de menos escribir a mi aire, sin directrices… Y la vuelta va a ser con un tema que tenemos muy en el orden del día en el mundo de la música: Los festivales. En la última década ha crecido considerablemente el número de festivales a lo largo y ancho de la península y las islas. Este gran número podría detonar variedad de estilos, público al que va dirigido, experiencias… Pero en ocasiones, se nos hace todo muy y muy repetitivo e incluso estamos viendo cada vez más un modelo de negocio bastante bestia. ¿Por qué? Vamos a ir por partes:

¿Festivales o salas?

Qué fue primero… ¿El huevo o la gallina? Prácticamente todos los artistas (salvo casos excepcionales) han empezado desde abajo, tocando en bares, salas pequeñas y derivados. Pero si hay una cosa que me gusta mucho de los festivales es a esos artistas que te llevas de casualidad. De que te ganen en directo mientras esperas a que salgan a tocar tus favoritos, a ese escenario al que te acercas de curiosidad a ver cómo suenan. Y sí, me ha pasado un par de veces… Los últimos que me llevé de esa manera no son otros que los Moito!, unos habituales ya en nuestro medio.

Los festivales son un gancho para conocer artistas. Si te atrapan en un festival, irás a verlos a salas y ayudaremos a mover un circuito que está malherido por la crisis que estamos sufriendo, como otros tantos sectores. Es la pescadilla que se mueve la cola… vamos que podemos hacer un símil con el mundo laboral. No te contratan porque no tienes experiencia, pero no puedes tener experiencia porque no te contratan. Lo mismo pasa en los festivales, que tienen que fijarse en ti en algún lugar. Y ahora además hay que sumarle el aliciente de los números… Pero eso da para otro post y sería meterme en otro jardín más grande.

A nivel personal… ¿Qué prefiero? Uno o dos festivales al año y salas (incluyendo recintos medianos / grandes) siempre que se pueda. Aunque a nivel económico casi que al largo del año sale más a cuenta un festival. Pero no hay nada mejor que ver a un artista tocando el set completo en un concierto propio y no el tener que adaptar el timing a un festival, en ocasiones, teniendo que recortar la mitad o una tercera parte de lo que tocaría en un show propio.

Experiencia Ryanair

Quizás sea el punto más ácido de este post. Así que intentaré meterme en los mínimos jardines posibles. La música es un negocio, aquí llegamos todos y no tenemos dudas. Bien, la cuestión es cuándo compramos los abonos para un festival ‘x’. Últimamente parece que estemos ante una experiencia Ryanair. Un vuelo te cuesta determinado dinero, pero luego vas sumando extras: que si elección de asiento, evitar colas, coches de alquiler, pago con un tipo determinado de tarjeta… Y algo que por poner un precio, costaba 50€ de entrada, acabas pagando 120€. ¿Qué pasa en los festivales?

Partimos de los juegos del hambre con las promos de lanzamiento: colas virtuales, solos unos muy pocos consiguen los precios de salida… ¡Ay, que me voy de festival por 49€! No mi ciela, falta añadir los extras. En este carro, hay festivales que han puesto extras muy necesarios para unos perfiles de festivaleros que van a los campings de festivales: duchas, re accesos, autobuses lanzaderas e incluso baños VIP. ¿No es más sencillo pagar unos euros más y que sea un ‘todo incluido en necesidades ‘básicas»? Anyway, un suma y sigue a los festivales que para un pequeño sector del púbico ha dejado de ser ir a disfrutar de música en directo durante 2 o 3 jornadas a unos días de beber como si no hubiese un mañana y liarla.

Del tema bebidas, también están las famosas promociones de bebidas de paga 40€ y te regalamos 10 más en tu pulsera. Impulsa bastante la compra compulsiva y las ofertas flash, pero como decimos, técnicas de marketing. Y los días previos a la celebración del festival, nuestra bandeja de mail se llena de correos con promociones e incitarnos a seguir gastando antes de llegar. Que luego gastaremos, ¡obvio! Aquí es dónde más se refleja el gran negocio que son los festivales de música.

Mismo perro, distintos collares

No os engaño, este fue un poco el aliciente al escribir este post. Hace unos días, tuve un debate con unos amigos vía WhatsApp a raíz de los carteles de los festivales. Les Arts, Granada Sound e Interestelar con el 75% del cartel igual y 0 emergentes en las primeras confirmaciones. Hay que crear ilusión, ir a lo seguro, a esos nombres que tiran. Pero… ¿Tanto cuesta añadir en esa misma tanda de confirmaciones a algún artista con no tanto tirón? Sabemos que vende mucho más Lori Meyers (por poner un ejemplo que se repite en los 3 carteles) que a ese pequeño grupo que toca en salas para apenas 100 personas, pero también merece estar en esa primera tanda. Y acabarán formando parte del cartel, lo sabemos.

Podemos decir también que estos 3 festivales beben del mismo promotor y que es entendible que se repitan. Pero lo que chirría es tener muchísimos carteles con los mismos nombres de siempre. Un cartel como el del San San de este año o Polifonik del próximo, que equilibra consagrados y emergentes, es lo ideal. Además de que son carteles bastante diferentes a lo que solemos ver. Uno de los carteles que más ha llamado la atención este 2021 y se ha aplaudido por la variedad, ha sido el novel Madrid Brillante, que ya ha confirmado edición para 2022.

Un apunte en el que personalmente no me había fijado hasta hace nada es la poca paridad entre mujeres y hombres que hay en los carteles y es algo sobre lo que deberíamos reflexionar. No solo me refiero sobre los escenarios, si no en toda la parte técnica y que no vemos (sonido, backline, luces, management…)

Artistas emergentes

Uno de los debates que más está a la orden del día y que puede ir de la mano con el anterior punto. A todxs nos gusta ver a los consagrados, pero… ¿Tan difícil es dar un hueco a los nuevos talentos? Si bien hay festivales que incorporan a través de concursos de bandas a artistas locales y/o emergentes. Por ejemplo, O Son Do Camiño tiene como premisa incorporar en el cartel un porcentaje de artistas gallegos. Y es algo maravilloso y que no siempre tenemos en cuenta. Para no repetirme con lo dicho anteriormente, por favor, vayamos a ver a los pequeños para darles nuestro calor. Esos que hoy tocan a las 4 de la tarde, mañana pueden ser cabezas de cartel.


En conclusión, los festivales (como todo el mundo de la música) es un negocio. Pero a estas alturas de la película, podemos hacer un giro de guion y hacerlos más inclusivos. No sólo a nivel con personas con algún tipo de discapacidad (como hace el Cooltural con lengua de signos, por ejemplo) si no de aumentar el número de presencia femenina, incluir bandas emergentes en sus carteles y diversificar un poco. Que no tengamos 5 carteles que sean un copiar y pegar. Tenemos suficientes artistas en el mundo de la música para lograr hacer festivales muy diversos y para todo tipo de público.

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