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[Crónica] Ginebras en la sala Razzmatazz de Barcelona: Vuelve la música en directo

Magüi de Ginebras. Fotografías: Jaume Maneja

Si hay una banda que ha sido un fenómeno «indie« estos últimos años pandémicos han sido las madrileñas Ginebras. Su música y actitud lo tienen todo para explotar en estos tiempos: humor irónico, canciones sencillas y extremadamente pegadizas, y acordes en clave mayor que dan un chute de energía y buen rollo. De ahí su crecimiento exponencial en un momento que necesitamos evadirnos y divertirnos con la música, sin más complicaciones.

La fecha de Ginebras en Barcelona se aplazó en uno de los momentos de mayor expansión de la variante ómicron y se aplazó al dos de abril de 2022, un día difícil para los fans catalanes. El concierto coincidió con Manel en la sala Apolo, Rufus T Firefly en Terrassa y Morcheeba en la sala grande de la misma Razzmatazz. No obstante, eso no afectó al público, que agotó todas y cada una de las entradas de la segunda sala del recinto, algo perceptible claramente en las grandes colas que había en la entrada.

Las madrileñas arrancaron tarde (al menos respecto a la hora que ponía en la entrada) pero con una sala enchufada desde el segundo uno. Su Crystal Fighters golpeó fuerte y la sala se cayó a sus pies, sabiéndose al dedillo todas sus letras. Ellas, sonriendo como si no fueran a hacer ningún concierto más en todo el año, hablaron con el público al acabar y les agradecieron estar ahí. Parecían genuinamente sorprendidas de la cantidad de personas que había cantando con ellas. Sandra recordaba su anterior vez en esa misma sala, en 2020, sin ningún álbum publicado, con mucha menos gente, pero una buena parte de la cual, presente dos años después en el mismo sitio.

Para esa gente dedicaron su siguiente canción, Todas Mis Ex Tienen Novio, perteneciente a su primer EP y que va seguida de cortes de su álbum debut, como Vintage o 6AM. Esa última, en especial, gana muchísimo en directo, con esa introducción lenta hasta tener al público saltando y cantando como si el mundo se fuera a acabar. Eso es lo bonito de la música en directo.

El concierto que nos ocupa ha sido el primero puramente pospandémico que he cubierto en La Musikalité. ¿Por qué digo esto? Por el ambiente que se respiraba. Había estado en conciertos de pie y con gente bailando, pero este es el primero en el que el público se ha olvidado completamente de todo lo que hemos sufrido. La atmósfera que se respiraba era inmejorable, un lleno total, con un público muy variado: desde «indies» de mediana edad, a jóvenes LGTB, incluyendo personas que podrían perfectamente estar jubiladas. Todas y cada una de ellas con una sonrisa en la cara de oreja a oreja.

En la parte intermedia del espectáculo, entre monólogos divertidos de Magüi, Sandra y Raquel, llegaron temas como Chico Pum, Fan Emergente, Filtro Valencia o la gran versión de Rosalía, Con Altura, introducida con una estrofa del polémico Hentai, incluido en el último álbum de la cantante catalana.

Todo el mundo, cantando himnos de las Ginebras, teniendo orgasmos que no sabe nadie y el ritmo se les metió hasta la sangre ¡vaya si lo hizo! Después de dedicar unas palabras a todos los que han asistido al concierto, incluido a Sidonie, Suu y otros músicos presentes, arrancan con canciones de la talla de Campos de Fresas Para Siempre, Metro de Madrid Informa o La Ciudad Huele a Sudor, que funcionan exactamente tan bien como todas las demás, ni más ni menos. Y es que estas chicas son una máquina de hacer buenas canciones pop. El concierto se hace corto, algo comprensible, ya que solo tienen publicado su álbum debut, un EP y algunos singles.

Es difícil describir la puesta en escena de estas artistas. Si bien desde fuera se respira una naturalidad destacable, como si fueran cuatro amigas cantando y riendo en una fiesta privada, los que hemos dado conciertos vemos que eso solo es en apariencia y que tienen preparado cada movimiento, expresión facial y frase. ¿Cómo consiguen transmitir esa naturalidad? Pues con tablas y una personalidad arrolladora.

El ambiente se convierte en una fiesta mayor de pueblo con Paco y Carmela, una de las canciones favoritas del público y se nota, con una coreografía que cada asistente siguió religiosamente, del más pequeño al más mayor.

El colofón final llega con su mayor éxito, La Típica Canción, recibida de forma inmejorable. Aunque, realmente, las chicas podrían haber tocado su «setlist» en cualquier orden, porque el público mantuvo la intensidad de principio a fin. Por mucho que digan los números, Ginebras no tienen un gran éxito, sino que tienen una legión de fans que se saben cada una de sus canciones, se maquillan con purpurina, llevan ropa morada y lo único que desean es que el concierto no acabe. Por mi parte, espero volver a encontrarme con Ginebras en directo muchas veces. Hasta el próximo concierto.

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