[Especial MUSE] Capítulo 3. Absolution: La confirmación

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Tras el golpe encima del mesa que supuso el nacimiento de Origin of Symmetry, la gente del mundillo del rock ya empezaba a asentir con la cabeza cuando se le mencionaba el término “Muse”. El poder del álbum naranja había comenzado a expandir la influencia del trío inglés a nivel internacional (sobre todo en Francia), apoyado en una gira (muy recomendada para los amantes de los antiguos Muse, cuando arrasaban con todo lo que había encima del escenario) en la que grabarían el disco Hullabaloo (del que hablaremos en otra ocasión), compuesto de b-sides y un DVD grabado en una actuación en el país galo.

No hubo que esperar mucho para que los de Teignmouth nos obsequiaran con un nuevo álbum. Sólo dos años más tarde, en 2003, un nuevo trabajo de los británicos estaba ya en nuestras tiendas. Hablemos de Absolution.

Antes de nada, quiero dedicarle este tercer episodio de la serie a mi buen colega Germán, cuya pasión por el disco le ha llevado a tatuarse las siluetas que protagonizan la portada. Va por ti, tío.

Si bien Origin fue una explosión incontrolada y desmedida de talento y brutalidad musical a partes iguales, Absolution representa la madurez definitiva de aquel sonido Muse. Sin perder esa maravillosa grandilocuencia, esa esencia de locura, riffs y contundencia que nos enamoró en el anterior CD, nos encontramos con una atmósfera mucho más controlada, pudiendo ver que estos jóvenes locos han encontrado el perfecto equilibrio entre la demencia y la madurez musical sin perder un ápice de calidad, llevando su música un nivel más allá.

Rasgos característicos de esta obra de arte son un mayor uso del piano (y qué piano); la alternancia entre bombazos de devastadora onda expansiva que te ponen los pelos de punta y frágiles baladas que necesitan ser susurradas a un oído cercano, algo que no ocurre en Origin; una mejora sustancial de las líneas de bajo de un Chris soberbio a lo largo de todo el disco; y, por supuesto, la megalomanía característica de los británicos. Una maquinaria perfecta. Comencemos.

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El álbum de la confirmación de Muse sube el telón con una breve introducción que recuerda a una marcha militar, cuyo ritmo sirve para conectar con el primer corte del disco: Apocalypse Please. Aquí comenzamos a ver la vena conspiratoria y paranoica de la que Matt nos hará gala a lo largo de toda la discografía del grupo británico. El tema está basado en una línea de piano apocalíptica (como bien indica el nombre de la canción) bien acompañada de una batería que alterna pasajes suaves con otros potentes y pesados; y de un bajo que, continuando lo que empezó Chris en el Origin, volveremos a oír distorsionado en muchas ocasiones.

Y nada más empezar el apasionante viaje que constituye Absolution, llegamos a uno de los grandes himnos de la banda, uno de los temas con mayor éxito a nivel comercial, de los más conocidos por todo el mundo y por el que, he de decirlo, siento especial debilidad al ser la primera canción que escuché de la banda inglesa. Tocada en directo ni más ni menos que 786 veces hoy día (solo por detrás de Plug in Baby), y con 13 años de antigüedad sin envejecer lo más mínimo. Señores, con ustedes: Time is running out.

El inconfundible riff de bajo del inicio, con una distorsión de un nivel de suciedad que hizo que yo no supiera qué es lo que sonaba hasta que vi un vídeo de la canción en live, da paso a una estrofa suave con una batería simple y un sutil punteo de guitarra que terminan rápidamente en un crescendo. Ese crescendo cuya letra conocemos todos los fans de Muse, esos “I won’t let you” que Matt nos deja corear a grito pelado en los conciertos y que termina rompiendo en el estribillo. No hay humano que no salte mientras grita “Our time is running out…”. Acojonante.

La canción continúa haciéndonos vibrar hasta el último segundo, momento en el que el silencio se apodera brevemente de nuestros oídos, silencio roto por un delicado piano de Matt, que comienza a cantar en esa frontera entre el agudo y el falsetto en la que tan bien se mueve. Es el momento de Sing for Absolution. En mi opinión, es un buen tema, bien querido por gran parte de los seguidores de la banda, pero al que le falta un punto, un pequeño hervor para estar considerada entre las imprescindibles. La canción va ascendiendo en lo que a potencia se refiere progresivamente hasta que el piano deja paso a una fuerte guitarra y a un Matt que rompe su contención para “cantar por la absolución”.

Y nos encontramos lo más cercano al metal que Muse ha hecho. El riff principal de Stockholm Syndrome es una auténtica locura, la batería de Dom es sobresaliente a lo largo de todo el tema, el solo de guitarra es sencillamente magnífico y el outro entra de lleno en la lista de riffs rompecervicales de Muse. Como detalle, si tenéis la ocasión de verla en directo, no tengáis miedo al final si os parece que tiembla la tierra. No es un terremoto ni un bombardeo, es el bombo del señor Howard. Temazo con mayúsculas.

Absolution es un auténtico no parar de grandes canciones, el ritmo no decae en ningún momento, ni siquiera con las baladas como Falling away with you. Única canción que nunca han tocado los británicos en directo junto a Exogenesis Symphony Part 2: Cross PollinationBig Freeze del The 2nd LawAftermath del reciente Drones, sigue el esquema habitual de las baladitas del trío inglés. Inicio suave de Matt y una guitarra tranquila que rompe en un estribillo en el que Matt da un poco más de cuerda a su voz y en el que la batería y el bajo imprimen un punto de solidez.

Y que no pare la fiesta, amigos. Tras 37 segundos de guitarra y bajo distorsionados de nombre Interlude, llegamos a otro de los ultrabombazos que hacen que Muse sea uno de los grupos más grandes del mundo. Agárrense porque empieza Hysteria. El mejor bajo de toda la carrera del señor Christopher Wolstenholme llega desde el espacio exterior para ofrecernos un riff descomunal. Es que pone toda su polla encima de la mesa, joder, qué puto riff.

Prosigo. Esa gran amiga de Matt que es la distorsión de voz está presente durante toda la canción, incluido ese estribillo que “I WANT IT NOOOOW, I WANT IT NOOOOW”… perdón. Ese estribillo desbordante de poderío, de rabia, de intensidad, que no hay “muser” que no se sepa, demuestra una vez más la facilidad de los del condado de Devon para crear himnos. El solo, otra animalada. La letra destila una desgarrada desesperación amorosa. Otra de las más conocidas en todo el mundo gracias a su aparición en anuncios televisivos. De lo mejor del grupo.

Tras el subidón, volvemos a la parte calmada de esta montaña rusa que es el tercer álbum de estudio de Muse. Esta vez es una sosegada balada la que hace acto de aparición. Lenta y sedosa, Blackout es el perfecto ejemplo de que Matt sabe contenerse a la perfección cuando es necesario. Buen tema que hoy en día vemos en público a cuentagotas, como otros tantos que nos encantaría ver más a menudo.

Y llega otro bombazo. Ya hemos comentado anteriormente la ambiciosa grandilocuencia que ha caracterizado, caracteriza y caracterizará a la banda inglesa. Ahí está Butterflies and Hurricanes para demostrarlo. Para demostrarlo y para dejarte sin aliento. La epicidad que transmite esta pieza es, en mi opinión, la más colosal que ha logrado Muse en toda su historia (quizá Invincible y Knights of Cydonia le hagan sombra, pero ya llegaremos al cuarto capítulo). Musicalmente es una delicia, desde el bajo hasta el extraordinario solo de piano con el que nos obsequia el señor Bellamy, pasando por una batería a la altura de las circunstancias. Y bueno, la letra no puede ser más motivadora (“You’ve got to be the best, you’ve got to change the world and use this chance to be heard…”). Casi nada. Otra canción de las mejores del grupo. Y otra vez en este Absolution.

A partir de aquí, el disco baja un poco el nivel, algo normal teniendo en cuenta el bombardeo de pelotazos que hemos venido recibiendo, y guardando así cierto paralelismo con el Origin of Symmetry (ver capítulo 2). The Small Print es un muy buen corte, típico tema rock guitarrero y cañero. Cabe mencionar que la canción estuvo a punto de no entrar en el disco. A la hora de conformar la composición final del CD, los británicos votaron entre esta canción y Fury para ver cuál entraba en la alineación definitiva. Chris y Dom votaron The Small Print. Matt, Fury. Así, acabó entrando la primera y, como viene siendo costumbre, Muse se guardó el otro tema para incluirlo en la edición japonesa.

La duodécima pista del álbum es, a mi juicio, la más floja de todo el disco. Endlessly es una baladita pop que para mí no entraría ni en el tan criticado The 2nd Law (bueno, quizá por Save me). Prescindible.

Thoughts of a Dying Atheist es un tema… cómo definirlo. Llamémoslo estándar. Si bien no tiene nada especial, no desentona del todo. Ritmo rápido y ágil instrumentación con un buen solo. Aceptable.

La versión original (o la no japonesa) echa el cierre con Ruled by Secrecy. Al igual que ocurre con Megalomania, del Origin, aquí los musers se me suelen echar al cuello cuando doy mi opinión. A mí es una canción que no me transmite nada, no la dejo puesta cuando la pone el modo aleatorio del móvil. Si bien he de reconocer que el intimismo que transmite Matt con su delicado piano y sus mansos susurros está muy conseguido, el tema no es santo de mi devoción.

Como siempre, analizaremos también la pista extra de la edición japonesa, que también acabó siendo incluida como cara B del singe de Sing for Absolution. Hablamos de Fury, un auténtico temazo. Con todos los instrumentos distorsionados y un ritmo lento y pesado, se nos sumerge en una atmósfera extraña, como de otro planeta, una atmósfera que merece la pena experimentar. Debería haber entrado en el álbum original.

Si Origin fue la explosión que llevó a Muse a ser conocidos mundialmente, Absolution fue la confirmación de que era algo grande lo que se habia gestado en 2001. De que Matthew Bellamy, Christopher Wolstenholme y Dominic Howard habían llegado para quedarse. La gira que siguió al lanzamiento del álbum da buena prueba de ello. Auténticos conciertazos, con especial mención a ese mítico Glastonbury 2004, considerado por muchos la mejor actuación que jamás ha llevado a cabo el trío de Teignmouth, y tristemente recordada por el fallecimiento del padre de Dom sólo una hora después del concierto por un ataque cardíaco. Los ingleses se asentaron definitivamente en la cima del rock mundial con todo merecimiento. Legiones y legiones de fans en todos los países. Muse había llegado. Y para quedarse.

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Sin embargo, este nuevo panorama conlleva ciertas responsabilidades. Y es que ahora los británicos tenían millones de ojos puestos encima de ellos, con lo que la exigencia a la hora de realizar su nuevo trabajo resultaría mucho mayor. Por ello, decidieron emprender nuevos caminos a la hora de componer con el objetivo de no estancarse, lo que les llevaría a una especie de transición en su sonido hacia una nueva frontera con un mayor protagonismo de la tecnología. Pero eso, amigos, es otro capítulo.

Puntuación:

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Chema Medina

Sígueme en twitter: @chema_medina

 

Si te gustó, no te pierdas las otras entregas de la serie:

Capítulo 1. Showbiz: El origen de los tiempos

Capítulo 2. Origin of Symmetry: La explosión

Capítulo 4. Black Holes & Revelations: La búsqueda de nuevos horizontes

Capítulo 5. The Resistance: El viraje definitivo

Capítulo 6. The 2nd Law: El derrape

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