[REPORTAJE] Caravan Palace en la sala Razzmatazz de Barcelona. La frescura de lo clásico.

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Fotografía: Jaume Maneja (La Musikalité)

Es la segunda vez que, por suerte, podemos cubrir un concierto del barcelonés Cruïlla de Tardor, después de ver a la Sra Tomasa en la sala Salamandra de L’Hospitalet. Esta segunda parada corresponde a los franceses Caravan Palace, banda indiscutiblemente líder en la popularización de este nuevo y autonombrado género: el electro-swing.

El electro-swing combina la progresión de acordes, instrumentación y melodía del swing con percusiones y ritmos electrónicos. Pero los franceses llevan esto más allá que otros grupos, que prácticamente se dedican a crear canciones de swing y ponerle algo de sintetizador, ellos realmente usan las influencias de Daft Punk o incluso de artistas dubstep, para crear un sonido ecléctico y muy personal con improvisaciones en directo dignas del mejor DJ. Habituales en escenarios españoles, volvían a Barcelona y Madrid en una gira que llevan haciendo desde 2015, cuando realizaron su último álbum <I°_°I> ‘Robot face’. Desde entonces han pasado muchísimas veces por nuestro país: Barcelona y Madrid en salas en 2015, el mismo año formaban parte del festival Cruïlla en el Parc del Fórum en Barcelona, del festival Porta Ferrada en Sant Feliu de Guíxols (Girona), del Mad Garden Festival de Madrid y ahora, en 2016, con triple fecha: Barcelona, Madrid y Valencia.

Con unos pocos minutos de retraso y la Razzmatazz prácticamente llena, el impresionante juego de luces entró en escena para iniciar la noche con ‘Comics’, de su último álbum. Con un ritmo endiablado y unos toques de electrónica muy acertados, no podría haber mejor canción para empezar la velada.

Temazos como ‘Lone Digger’ o ‘Wonderland‘ hicieron que Razzmatazz ardiera. Cabe destacar la gran compenetración que tienen entre los miembros de la banda y la capacidad para animar al público para cantar y bailar. Poca fue mi sorpresa cuando vi que Zoé Colotis, parisina como es ella, habla un castellano puro de Valladolid como si viviera aquí de toda la vida, ya que su padre es de Córdoba y hablan bastante español en casa. Con esa habilidad para el idioma saludó al público y nos deseó una gran noche forzándonos a darlo todo en la pista. La cantante francesa estuvo en su salsa, pese a un pequeño error de sonido que hizo que se acoplara el micro produciendo un ruido que hizo estremecer a la propia vocalista.

Tengo que destacar sobretodo el trabajo de Hugues Payen, violinista prodigioso y un cantante sorprendentemente bueno con las improvisaciones. Vamos, que tiene un vozarrón roto genial. Con el devenir de las canciones llegaron temas como ‘Suzy’, muy de su vertiente más clásica, un swing que se basa en las raíces y en el que por fin pude oír a Arnaud Vial, guitarrista con un gusto excepcional y que no se le percibe demasiado en la mezcla de tantos instrumentos.

Cuando la orquesta francesa se inmiscuye en sus influencias electrónicas no hay nada que pueda salir mal. Charles Delaporte y Antoine Toustou son amos y señores de sus teclados y launchpad y improvisan muy bien en el tronco de la canción aunque ya cuando suben un poco las dinámicas es un espectáculo.  ‘Clash’ es un ejemplo de ello.

Un momento que no olvidaré en mucho tiempo llegó en la segunda mitad del concierto y de parte de una versión muy especial del Black Betty de Lead Belly. Una versión swing entre la original y la de Ram Jam con el estilo personal e inconfundible de los Franceses.
Una versión que suelen interpretar en directo, como en el siguiente vídeo.

Incansables hasta el ultimo momento, los reyes del electroswing son conocidos por bailar hasta que les duele todo el cuerpo, pero es en especial en ‘Rock it for me’ donde la coreografía llega a su auge, cuando Zoé y Charles, cantante y contrabajista, aportan al espectáculo un baile en pareja realmente espectacular.

Concluyendo, el directo de Caravan Palace es algo muy especial y peculiar y difícilmente se puede comparar a cualquier otro directo del mundo de la música. La combinación entre el juego de luces, los bailes, la electrónica, el swing, los solos… es un todo muy sólido y funciona como el engranaje de un buen reloj. Los franceses tenían al público metido en su bolsillo durante toda la velada e incluso hicieron varios bises, por la extraordinaria euforia que presentaban los asistentes. Tuvimos la suerte de poder estar presentes y yo de vosotros no perdería ni un momento de vista a esta gente.

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