[Review] ‘Broken Machine’ de Nothing But Thieves: Reflexiones sobre el enemigo interno.

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Los fans lo han encumbrado, muchos diciendo que ha mejorado el debut de la exitosa banda inglesa de rock alternativo. Me enfrento a este álbum con gran entusiasmo, después de escuchar algunos adelantos, y disfruto como nunca de la totalidad del álbum en la primera escucha. Pero sucede algo extraño, cuando más voy fijándome en cada uno de los temas, veo cosas que no me gustan. En este artículo me dispongo a analizar y opinar profundamente sobre el nuevo álbum de Nothing But Thieves, desde una perspectiva se va alternando entre la de fan y de crítico objetivo. Sin más dilación, empezamos.

El éxtasis ya golpea bien fuerte en la nuca con I was Just a Kid, un tema perfecto para empezar un álbum. El distorsionado riff te lleva a la calmada voz de Connor mientras te explica eficientemente una historia sobre una persona ingenua que se dejó llevar por una creencia para acabar decepcionado. Me maravilla como incluyen una instrumentación guitarrera para después pasar a una especie de pre-estribillo, donde la aterciopelada voz menciona “Then you gave me something, something to believe in”, mezclada con un bajo que adorna de una forma absolutamente clave, para que la demás banda rompa con el excelso estribillo, al más puro estilo de la banda. Los de Essex no se han podido marcar un mejor inicio, con una letra sencilla pero expresiva, en la misma forma del breve estribillo, pegadizo a más no poder.

 

Fluidamente el tema se une con Amsterdam, que empieza con un beat de batería muy marcado y rítmico, algo que no vimos demasiado en su debut. Los rítmicos arreglos de guitarra y bajo llevan la canción hasta un… Espera. ¿Qué es esto? ¿Qué demonios?

Anonadado me hallo ante tal masivo, enorme estribillo. Probablemente lo mejor que he escuchado este año. Pelos de punta sin parar, con esa voz rasgada, sufrida, potente y desgarradora gritando de rabia. El estruendoso puente sigue con la dinámica de la canción, de una potencia y emoción únicas. Nos grita, nos pide socorro porque el protagonista de la canción no quiere ser como la mayoría de gente, no quiere vivir en una agonía y quiere volver a Amsterdam, símbolo de libertad y armonía. Os aplaudo, Nothing But Thieves, habéis hecho un tema grandilocuente en su emoción y sencillo en sus raíces. Una de las mejores canciones del año.

Después de este inicio, solo me queda pensar que este podría llegar a ser un álbum maravilloso, histórico tal vez, definitivamente, si hubieran seguido con el nivel de estas dos primeras canciones podrían haber superado su más que consistente debut.

Sorry empieza sin descanso, en lo que parece una balada del estilo de los ingleses. El verso funciona muy bien, destaco la combinación ganadora entre bajo y batería, característica indivisible de la idiosincrasia del grupo, que da a un muy agradable estribillo, que líricamente es desesperanzador y muy rudo con la autoestima de su protagonista. “Maybe I’m defective, or maybe I’m dumb”, cantan, usando un tema generalizado en el álbum, ligado al descontento y la falta de autoestima, en este caso en el desamor. En definitiva un corte más aceptable, pero en su zona de confort.

El falsetto domina el tema homónimo del álbum, Broken Machine, en el que el vocalista nos ruega que le arreglemos, que le salvemos de sí mismo. Me gustan mucho las melodías de verso y estribillo y el continuo ritmo de la canción, donde James Price se permite el lujo (y qué lujo) de experimentar. Por otra parte, la producción del álbum llega a su momento álgido en este corte, en el que funcionan muy bien la distorsión de megáfono en el estribillo, las armonías en la voz, los toques de teclado en el final y los efectos mecánicos en las guitarras. Echo de menos que el tema explote en algún momento, pero definitivamente es uno de los mejores del álbum.

Nothing But Thieves continúan experimentando con Live like Animals, tanto en la producción, con esos pedales de guitarra y ese interludio increíblemente bailable para los ingleses, como en el verso casi rapeado y un tema ignífugo, lejos de la tristeza de las primeras canciones. El nivel del álbum de mantiene muy alto. Live Like Animals es para mí, del nivel de I was Just a Kid, donde los británicos experimentan y obtienen un resultado realmente bueno.

Un sonido muy parecido a Sorry, nos introduce a Soda, donde la voz de Connor vuelve al falsetto y, por desgracia, no se puede ver algo muy diferente a lo que ya hemos visto en el álbum. Los versos y la estructura de la canción funcionan, pero el estribillo parece hecho con desgana, marcándose una letra para mi muy decepcionante. “I don’t wanna be myself, it’s making me so unwell”, nos dicen en la letra, prosiguiendo con el desencanto recurrente en el álbum, pero, lejos de estar bien tratado, más que transmitir suena a cliché, como a queja de niño pequeño, que chirría y decepciona un poco.

 

Un corte más reaccionario nos espera con I’m not Made by Design, que funciona bien a nivel instrumental pero vuelve a flojear en el estribillo. Simple y metido a la fuerza, el “Ooooooh I’m not made, I’m not made by design, can you be, can you be satisfied?” no engancha, no llena ni líricamente ni melódicamente. Una lástima el resultado, después de unos versos con una interesante potencia lírica.  Todo ello se fusiona en un tema interesante, pero que repite los males, en mi opinión de Soda, su antecesora. Lo más destacable del tema, la impresionante voz del vocalista, que en este álbum ha madurado en textura y técnica.

Particles es una muy buena canción de corte lento que me recuerda un poco a bandas como Coldplay, salvando las distancias. Los de Chris Martin no tienen a un vocalista del nivel de Connor, que hace que crezca la canción, junto al trabajo inspirado de los guitarristas Joe Langridge-Brown y Dominic Craik que se van sumando a la canción con sus arreglos para darle una riqueza sonora contundente. Mención honorable en todo el álbum a Philip Blake, el bajista de la banda, cuyas líneas de bajo forman la parte clave del sonido del conjunto con una personalidad reconocible.

Llegamos a la recta final del álbum con Get Better, un medio tiempo que rítmicamente avanza maravillosamente y mejora con cada escucha. Líricamente sigue con el tema global del álbum y consta de un estribillo algo literal pero que no me chirría porque esta mejor construido armónicamente. Volvemos a la tranquilidad con Hell, Yeah, para mí la mejor balada del álbum. La excelsa voz de Connor, junto a las guitarras acústicas y la densa producción potencian la gran melodía principal del tema. Emocionante, profunda y desgarradora en su suavidad.

La melodía introductoria de Afterlife me hace recordar a algunos temas de los mejores Muse, también prolíficos escritores de medio tiempos guiados por bajo y batería. La espiritual letra compara el desamor con una experiencia desoladora para el alma, usando metáforas religiosas. Como el corte anterior, su suavidad y emoción son innegables y combinan a la perfección. Aunque hubiera preferido encontrármelas en la mitad del álbum y no en la recta final.

Para acabar, los británicos nos deleitan con Reset Me, que vuelve al leit motiv de la tecnología. En él, la banda anglosajona imagina un mundo donde las cosas pueden volver a empezar de nuevo. En este tema, Nothing But Thieves vuelven a tener una gran melodía en el estribillo, pegadiza y sólida, una letra con la que todo el mundo se puede identificar y una estructura muy reflexionada, donde el bajo toma todo su máximo protagonismo. Un muy buen tema que deja paso a uno de los puntos álgidos de Broken Machine.

La fresca batería de James Price nos lleva a Number 13, un temazo con mayúsculas. Rítmico hasta en la melodía, los británicos vuelven a experimentar y se puede ver su verdadero potencial, desde las diferentes texturas de la voz, la coordinación de las guitarras, el solo más extraño que he visto en los dos álbumes de la banda… Energía y potencia en un tema redondo.

CONCLUSIÓN

Concluyendo, Broken Machine es una buena continuación a su álbum debut, con una mejora vocal y de producción muy claras y en algunos temas, una experimentación más que correcta, un camino por el que deberían de continuar en su próximo álbum. Las flaquezas que tiene son, sobre todo, en algunos estribillos, que suenan hechos a desgana, y algunos problemas líricos que contrastan mucho con el nivel que se vio en su álbum de 2015. Individualmente, hay algunas de las mejores canciones publicadas por la banda, pero generalmente, hay elementos que flojean. El álbum podría haber sido más corto y estaríamos hablando de uno de los mejores del año. Lastimosamente, pese a ser un muy buen álbum y lejos de decepcionar a nadie, creo que le queda camino para llegar a competir con temas como Itch, If I Get High, Wake Up Call o Ban All the Music.

Nota: 4/5

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