[Reflexión] #CulturaSegura: van a llegar los días amables

Sopa de Cabra en el Camp Nou, en el marco del Cruïlla XXS | Foto: El Periódico

Estamos en horas negras para la cultura. Cines, teatros museos y música en directo son sólo algunos de los sectores que más están sufriendo las consecuencias del COVID. Con todos los respetos hacia ellas, vais a permitirme la decencia de que en estas líneas me centre en una: la música.

Empecemos por el principio. Desde hace varios años, la industria musical se sostiene principalmente por la música en directo, dicho por los propios artistas y managements. El público prefiere invertir en conciertos en diferentes recintos (incluso varias fechas) o festivales que en dejarte entre 15-20€ de media en un álbum en formato físico o cerca de 20€ en un vinilo o la suscripción mensual a Spotify o Tidal. Sí, existimos los que seguimos comprando la música en formato físico. Pero creedme que si comprara todos los álbumes de todos los artistas que escucho, necesitaría solo una habitación para ello y un buen aumento de sueldo. Los artistas no viven de los streams y, por lo tanto, tienen que hacerse muchos kilómetros en la carretera y muchos bolos para poder dedicarse al 100% en la música.

A mediados de marzo, con el decreto del estado de alarma, la industria se paralizó. Incontables conciertos se aplazaron a nuevas fechas, los más optimistas incluso a un mes vista. Los festivales más tempranos, se movieron entre finales de agosto y el puente de la Hispanidad e incluso alguno ya anunciaba que pasaban directamente a 2021. Pero poco a poco, todos están dando por perdida la temporada y ya anuncian las fechas para 2021.

Durante el confinamiento, surgieron varias alternativas para hacer más amenos esos días sin salir de casa como el Yo Me Quedo En Casa Festival, Cuarentena Fest o incluso los mismos artistas colgando en internet contenido gratuito para que su música nos acompañara. Todo esto, sin recibir un solo euro a cambio.

Hablo de los artistas, pero la industria no únicamente la conforman ellos: agencias, managements, backliners, técnicos, productores, salas, periodistas, fotógrafos… y un infinito número de perfiles que se venían afectados por esta crisis, porque señores, la cultura siempre es el último mono. A lo largo de esas semanas, veía muy lejano volver a pisar un concierto, pero aún más lejano poderlo cubrir como redactora o como fotógrafa. Al ser La MusiKalité un medio pequeño, evidentemente seríamos de los últimos en poder volver a las andadas.

No obstante, entre finales de mayo y principios de junio empezaba a clarear un poco la luz en cuanto a los directos se refiere: conciertos en pequeño formato, en espacios abiertos y con todas las medidas de seguridad vigentes. Algunos grandes festivales nos presentaban su nueva versión, trabajada a contrarreloj para poder empezar a mover el circuito musical y cultural. Tras ver el panorama, dudé ni medio segundo en dejarme el sueldo en varios conciertos, ya que, como fanática de la música, pero sobre todo en directo, lo mínimo que podía hacer era ‘devolver el favor’ por la compañía que me han brindado durante los días raros. No somos conscientes del trabajo y esfuerzo titánico que ha hecho todo el sector para poder estar en activo este verano.

Personalmente aposté por varias fechas de Nits del Fórum y Cruïlla XXS. Pero contra todo pronóstico, mi primer concierto post cuarentena fue en Fes Pedralbes, yendo como redactora al inicio de la Gira Unplugged de Miss Caffeina. Antes de entrar al recinto ya te hacían ponerte el gel hidroalcohólico, era obligatorio usar mascarilla, los lavabos estaban en constante desinfección, habían rutas de entrada y otras de salida… Y en el espacio del concierto sillas separadas. Vamos, que las posibilidades de contagio eran bastante reducidas al cumplir los protocolos a rajatabla. La historia se repitió el pasado día 16 con Carlos Sadness en Nits del Fórum, pero en esa ocasión asistí como público. Esta vez, además de todo lo que ya he comentado anteriormente con Fes Pedralbes, contaban con salidas y entradas escalonadas para evitar aglomeraciones. No dudé en grabar un vídeo durante el concierto para que se viese la realidad de los conciertos de la nueva normalidad. Me sentí más segura en un concierto (o en el teatro, que también acudí un par de días más tarde) que no tomando algo en cualquier terraza o yendo a hacer la compra.

Los rebrotes a nivel nacional que se han ido multiplicando los últimos días, hicieron que viese el concierto de Carlos Sadness con la duda de si volvería a ser el último durante una larga temporada. El viernes, a la espera del plan PROCICAT (Pla Territorial de Protecció Civil de Catalunya), todo apuntaba a que el esfuerzo de la cultura para subsistir, pese a todas las medidas y protocolos que habían aplicado, se iba a ver afectado.

El PROCICAT contemplaba excepciones a la prohibición de la actividad cultural y de ocio, pero éstas debían ser solicitadas por los ayuntamientos de los municipios afectados (Barcelona y su área metropolitana) y Barcelona lo hizo el mismo viernes. Ese día, empezaba a verse por redes una campaña a favor de que se mantuviese la oferta cultural en todos sus vertientes (música, cine, teatros…), que tanto está sufriendo las consecuencias de la crisis y ha tenido que buscar soluciones rápidas e inminentes para subsistir: #culturasegura. Se decidió que los ayuntamientos podían recurrir y cada caso se estudiaría a ver si podía llevarse a cabo o no.

El sábado por la tarde, Nits del Fórum dieron un paso al lado y ese mismo día paralizaban su actividad hasta como mínimo el 31 de julio. Alegaban este parón debido a la incertidumbre que generaban las ‘recomendaciones y restricciones contradictorias’. Entre otros, este paréntesis afectaba a los conciertos de Mujeres o Mishima. Dicha acción del Primavera Sound (organizadores de Nits del Fórum) hizo que el público cultural se crispara aún más. Varios de ellos alabaron la seguridad que daban en sus conciertos, y se mostraban agradecidos a la par que tristes. Pero no todo son malas noticias, ya que el día 23, anunciaron que el próximo 1 de agosto reanudarán la actividad con algunos cambios en la programación, que podéis consultar en su web.

A lo largo de todo el fin de semana, se intensificaba el público que compartía sus vivencias, opiniones y malestar bajo el hashtag #culturasegura. El área metropolitana de Barcelona se había visto muy perjudicada con los rebrotes y recomendaban no salir de casa. Recomendaban, que no obligaban, porque media Barcelona estaba en la Costa Brava. ¿Locales de restauración abiertos, cines, teatros y conciertos con aforos reducidos y al aire libre cerrados? . ¿Playas abarrotadas y que un domingo a las 9:30 de la mañana estén al 100% del aforo permitido y gente haciendo cola para entrar? También. No me entraba en la cabeza que se pudiese ir a una discoteca en un espacio cerrado y que a las 2 copas no guardes la distancia de seguridad y no a un concierto al aire libre o a disfrutar de una obra de teatro. Nos querían privar de un rato de desconexión segura.

Fueron 72 horas muy duras para la cultura. Las esperanzas de volver a vivir un concierto este verano se estaban desvaneciendo (aún más) por momentos. Ni los artistas, su equipo o los organizadores sabían lo que iba a pasar, y lo expresaban en redes sociales.

El lunes se sabría por fin que pasaría con la cultura en Barcelona. Ya por la mañana, la Anella Olímpica lanzó un comunicado que paralizaban la actividad en el recinto a expensas de la resolución del Govern. Todo parecía que ya estaba perdido, pero por la tarde, llegó el comunicado oficial que tanto esperábamos: Tanto El Festival Grec, como Fes Pedralbes, Sala Barcelona y Cruïlla XXS se acogían a las excepciones, ya que contaban con el consentimiento del Ajuntament de Barcelona y de la conselleria de Cultura para mantener su actividad.

Las opiniones eran muy dispares: muchos lo celebrábamos, y otros criticaban que se diera espacio a la cultura. Nadie obliga a ir a un concierto, igual que nadie obliga ir a tomar un café. Cada uno es libre de ir a un lado, a otro o quedarse en casa encerrado. Tenemos que intentar rehacer la vida que llevábamos antes del 13 de marzo y todos, absolutamente todos los sectores económicos tienen el mismo derecho a ganarse la vida.

Tras estos días grises, parece ser que, si el bicho nos deja, podremos seguir yendo con responsabilidad y con las medidas de seguridad que nos marcan, a seguir disfrutando de la cultura. No podemos vivir encerrados y con miedo, tenemos que intentar hacer vida normal con dos dedos de frente y con cautela. A la vista está que hasta el día de hoy no ha surgido ni un rebrote de un evento cultural. Pongamos todos de nuestra parte para que se mantenga así, aprovechemos este gol en tiempo de descuento. Y sobre todo, si tienes el más mínimo síntoma de COVID, por mucho que duela, no te arriesgues a ir. Podemos ser asintomáticos sí, pero ya sabemos: mascarilla, distancia y gel.

La música, y la cultura en general, nos han dado luz de manera altruista cuando más lo hemos necesitado. Lo mínimo que podemos hacer en esta situación de crisis para el sector, es apoyarlo. Ves al cine, a una obra de teatro, conciertos, compra música, apoya a los consolidados, a los emergentes… Y lo más importante: no dejemos que nos vuelvan a dejar sin cultura, porque ahora mismo es uno de los lugares más seguros a los que podemos ir. Esperemos que más pronto que tarde volvamos a los grandes recintos, sin distancias ni mascarilla.

Por ahora, como dice una banda a la que adoro demasiado y que espero poder verla la próxima semana: van a llegar los días amables.

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