Reflexiones

[Reflexión] Conciertos a través de un objetivo

Zahara en el Festival de Pedralbes | Foto: Esther Cobos

Domingo, 11:20 de la mañana y con un café delante del ordenador. Ha saltado una notificación que tal día como hoy, hace 6 años, vivía el que es hasta la fecha el mejor concierto de mi vida: Robbie Williams en el Hard Rock Rising desde la barrera, esa primera fila mi obsesión. Ya os conté una vez cuanto le debo a estar en ese festival para hoy día estar cubriendo conciertos y escribiendo en La MusiKalité. Pero hoy vengo a contaros cómo se viven los conciertos desde otra perspectiva: conciertos a través de un objetivo.

¿Por qué ahora este artículo? En los últimos meses, he tenido la inmensa suerte de cubrir un puñado de conciertos con la cámara, y, si la situación lo permite, agosto viene cargado de unas cuantas fechas. Nuevos retos y experiencias que sigo sumando a la fotografía de conciertos.

Desde siempre he llevado conmigo a los conciertos a los que iba una cámara compacta para retratar esos momentos que quería conservar para siempre. Pero desde hace cerca de 4 años, tengo la oportunidad de vez en cuando (y cada vez con más frecuencia) de llevarme mi Nikon a cuestas. Y cuando no está conmigo, no puedo evitar sacar el móvil y hacer fotos y algún video de turno. Para qué grabas, si luego seguro que no vuelves a ver los videos, así no disfrutas del concierto… Estas son sólo algunas de las frases que se repiten constantemente. Unpopular opinion: Los disfruto igual y sí, los videos los veo (de algunos bolos más que de otros, tampoco vamos a engañarnos).

Ese momento en que llegas al recinto y te dan instrucciones de cuántos temas son, en ocasiones la pulsera que te permite el acceso a nuestro añorado foso (ahora que muchos recintos no disponen de él) o te indican por dónde puedes moverte si molestar al público ahora que debe permanecer sentado. Es toda una aventura, os lo aseguro. A esa ‘auto presión’, tenemos que sumarle que la inmensa mayoría de veces únicamente disponemos de 3 temas para hacer las fotos. Esos días que te dan ‘buffet libre’ de hacer todo el concierto (mil gracias) la relajación es superior y se disfruta mucho más estar haciendo nuestra función con la cámara. Entonces ya no te duele tanto las luces rojas a las que tanto ‘cariño’ les tenemos, ya que dudas que se repitan en todos y cada uno de los temas que forman el setlist.

Luego está la otra parte. El estar libre, sin cámara, disfrutando del concierto y ver esas luces que tanto juego dan. Coges el móvil y foto al canto. No quedan ni de broma con la misma calidad que si la hiciese con la Nikon (pese a que tengo u móvil con buena cámara), pero sirve para quitarse el gusanillo. O cuando voy de redactora, que no dejo de anotar lo que va pasando sobre el escenario para luego hacer la crónica.

Cada vez que se apagan las luces y empiezo a disfrutar de un concierto a través de un visor, la sensación es la misma. Querer hacer la foto. Da igual si es un artista emergente o consagrado, delante del objetivo todxs tienen la misma importancia. Y qué decir cuando desde el escenario te ven y te regalan un gesto cómplice que puedes captar. Recuerdo con especial cariño a Glen Power (batería de The Script) que me señaló y jugó con las baquetas para poder fotografiarle mientras sonaba Paint the Town Green. Si a eso sonaba que era mi oficialmente mi primer pase de foto… imaginaros.

Una vez me preguntaron que yo cuando hago una foto en directo que es lo que busco y que quiero transmitir. Mi objetivo, es captar el momento, una emoción, que esa imagen transmita algún sentimiento. Y el que haya estado allí, que se sienta identificado con dicho momento. Quizás a veces pecamos de querer una foto híper nítida captando un movimiento o un contraluz espectacular. Y, spoiler, es algo muy difícil de conseguir en este tipo de fotografía. Obviamente es la excelencia en su máximo exponente, y es algo que se puede lograr con 2 elementos: Mucho rodaje y un buen equipo. Concierto a concierto aprendo, experimento e intento que cada resultado sea mejor del anterior.

En la muñeca derecha llevo una llave de sol tatuada. Tengo que confesar que está estratégicamente ahí, ya que es dónde me coloco todas las pulseras y pases. Una metáfora de lo que es llevar la música y lo que me hace sentir siempre conmigo. Y lo dije una vez, el día que la música deje de revolverme tantas emociones, el tattoo dejará de tener sentido.

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