Vetusta Morla: Con vosotros empezó todo

Guille Galván, guitarrista de Vetusta Morla | Foto: Esther Cobos

Llevo muchísimo tiempo queriendo escribir este post. Demasiado diría yo. Pero tengo miedo a que quede demasiado intensito y más en Los Días Raros que estamos viviendo. Tengo una pequeña espinita clavada al no haber escrito en profundidad sobre Vetusta Morla (una de mis bandas nacionales predilectas) en este blog, más allá de una previa y alguna cosilla más. Justo una semana antes que el maldito Coronavirus nos visitara y nos confinara, Emma y una humilde servidora cubrimos el que es hasta la fecha el último concierto para este medio.

Para ella fue impactante (incluso esa noche apenas durmió), y para mí fue nuevamente muy especial, pese a que los veía por 4ª vez. ¿Por qué? Porque Vetusta Morla… con vosotros empezó todo. La banda de Tres Cantos tiene parte la culpa que hoy día colabore en La MusiKalité. Así que hoy os voy a contar como empezó mi gusanillo por cubrir conciertos y pisar los fosos con Nikon en mano, así como lo que ha llegado a aportar a mi vida.

Nos remontamos al 24 de julio del año 2015, por aquel entonces, yo tenía 24 añitos. Ese día fui al Hard Rock Rising Barcelona, donde además fue la primera vez que Agus y yo compartíamos un concierto para ver a Lenny Kravitz y Kings Of Leon. En aquella época era lo más hater que te podías echar en cara en cuanto a música nacional y mi hate hacia el indiespain era aún mayor… La única banda nacional que me gustaba era Héroes del Silencio. No obstante, ya sabéis que me gusta más una primera fila que a un tonto un lápiz… Y bueno, si quería ver a Lenny y KOL en primera fila, tenía que pagar el peaje de ver a ‘los pardillos de Vetusta Morla’.

Era la primera vez que iba a un festival y en aquel momento, mi historial de conciertos era bien corto y sólo era la segunda o tercera vez que hacía primera fila. Me fijé bastante en el foso, en que había gente acreditada como prensa a mi alrededor para medios online y aquello me llamó la atención.

Vetusta Morla estaban en plena gira de presentación de La Deriva, y pese a que ya eran bastante conocidos, tocaban a eso de las 8 de la tarde, siendo aún de día. Bastó una hora escasa, con temas como La Deriva y Copenhague para que me atrapasen y me hicieran cambiar un poquito el chip en cuanto al indie nacional. Un poquito solo, más adelante os cuento algo con lo que me acabaréis haciendo la cruz. Al día siguiente volví al festival con mi amiga Laura (la persona con la que más conciertos he vivido al margen de La MusiKalité) y nuevamente nos colocamos en primera fila para ver a mi idolatrado Robbie Williams. Ese día le dije que me había picado el gusanillo de estar en un foso con mi Nikon. No recuerdo exactamente las palabras textuales, pero me vino a decir algo así como ‘todo es intentarlo’. La cosa quedó ahí… por el momento.

Tengo que decir que siempre he sido una freak de las fotos, pero fue a principios de la década de los 10’s que empecé a darle fuertemente a la fotografía deportiva, pero me sentía muy atraída por la fotografía de conciertos. Por mi cuenta, sin medio ni nada hice (previo permiso) fotos en un concierto de Ruth Lorenzo y en otro de Antonio Orozco desde la pista con mi antigua Nikon 3100. En ambas ocasiones, los artistas compartieron mis fotos en sus redes sociales y yo era la persona más feliz del planeta. Ahora veo esas fotos y me echo las manos a la cabeza… Pero bueno, se dice que la experiencia es un grado, ¿no?

En septiembre de 2017 estaba dando un vuelco bastante grande en mi vida profesional. Dejaba de ser becaria en el estudio dónde llevaba un año de diseñadora gráfica para dar paso a un contrato indefinido en el mismo sitio, aunque sólo un par de días a la semana. Pero como soy un culo inquieto, me lo combinaba con teletrabajo de consultora de marketing y diseñadora para otra empresa. Un día, Agus me pasó un tweet que en La Musikalité se buscaban redactores. Oh wait, había leído algo en el blog y me gustaba el rollo que tenían… ¿Pero iba a encajar una fan de Oasis y hater de todo lo nacional? Tenía que intentarlo y a los pocos días ya estaba dentro. Era la oveja negra en cuanto gustos (y en algunas cosas lo sigo siendo), ‘la mami de todos’ por ser la más mayor del medio… Pero esa baza más que negativa es positiva.

No tardé mucho en asistir a mi primer concierto como redactora, y poco después compartí dos días seguidos de directos en Barcelona con Jaume, cubriendo a Núria Graham y La Casa Azul, que me enamoraron en directo y fue la primera vez de muchas (y las que quedan este año). La oportunidad de oro vino cuando nos dijeron que nos habían acreditado para The Script y si me animaba a echar unas fotos. Sabía lo que suponía eso: cruzar la barrera y pasar al foso. Que mi primer concierto como fotógrafa acreditada fuese The Script en el Sant Jordi Club me parecía cuanto menos surrealista. Aún con miedo a que pudiese ser un desastre por falta de experiencia en un foso (por eso que normalmente sólo tienes 3 temas para echar fotos), acepté. Y las fotos salieron bastante decentes para los recursos que tenía.

Aquella primera toma de contacto acreditada como fotógrafa sirvió para que me animase a probar algo. El 19 de mayo del 2018, Vetusta Morla se enfrentaban a su primer Palau Sant Jordi y decidí probar a pedir pase de foto a ver si podía celebrar mi cumpleaños de una manera diferente. Aunque tenía muy claro que, si no, iría a disfrutar de nuevo de esa banda que tanto me había marcado aunque fuese como público. Recuerdo que estaba trabajando en el estudio cuando recibí un whatsapp: Chicas, estáis acreditadas para Vetusta. ¡No me lo podía creer! Moría de ilusión por hacerles fotos a Vetusta Morla, y más el día en el que cumplía 27 años. Sentía que era muy especial, pues ya no solo era mi primer Palau acreditada, si no que era como… ¿Cerrar el círculo? Realmente creo que no lo he cerrado del todo.

Después vino mi primer festival, el O Son Do Camiño, acreditada como redactora y ver a The Killers (una de mis bandas de cabecera) entre otros tantos artistas, Kodaline en Razzmatazz, Bastille, mi segundo O Son Do Camiño (que fui sola a Galicia a disfrutar del festival y ver por 3ª vez a Vetusta Morla (aquí os cuento como fue)), el fin de Gira de Alfred, un par de veces Rayden, Dancetería… Y unos cuantos más en estos últimos meses. Todos y cada uno de ellos me han enseñado a mejorar en mis redacciones o en el caso de ir con Nikon en mano encontrar poco a poco mi estilo… En definitiva, evolucionar bolo tras bolo. Además, también desde hace un tiempo colaboro con Jordi y Jaume en la gestión interna de todo lo que conlleva este humilde medio y me dieron el mando para ser la community manager del Instagram (sí, es que cuando voy de redactora os lleno de stories). Por eso a veces estoy algo desaparecida en cuanto a escribir se refiere.

En verano del 2015 creía que esto que me ha aportado La MusiKalité era algo imposible de conseguir. Y no solo eso. Los últimos conciertos que he cubierto me han ayudado a ganar confianza en mi misma y a empezar a trabajar en un proyecto personal que tenía aparcado por falta de ella. Tengo mi wishlist de conciertos que me gustaría cubrir y hay uno que se que va a ser muy difícil que se cumpla, pero ese día diré que habré tocado techo en este ámbito: Robbie Williams.

Podría explicaros mil y unas anécdotas en conciertos y festivales, de los nervios cada vez que piso un foso y que son similares a las que sentía cuando salía a pista a competir. Pero son nervios que realmente me hacen muy feliz, porque realmente estoy haciendo algo que me llena. Cuando un artista o banda comparte (e incluso compañeros de otros medios a los que admiras), da un feedback o reacciona a ‘mi trabajo’ me siento muy realizada. Al contrario que se cree mucha gente, por desgracia esto es un hobby o como prefiero llamarlo yo, mi vía de escape. En las últimas semanas he tenido la inmensa suerte de conocer a compañeros fotógrafos y redactores freelance o de otros medios y todos coincidimos en que esta es nuestra vida paralela, pero para todos nosotros, es una vida que nos hace muy felices y todo gracias a la música. Así que esos pequeños gestos compensan el esfuerzo invertido en este mundillo.

Llevo grabado a fuego algo que dijo Pucho en el O Son Do Camiño y que en ese momento cobró más sentido que nunca: la música se transforma en emociones. Así que, si de verdad hay algo que os llena, luchad por ello sin mirar atrás. Gracias La MusiKalité por llenar ese huequito que faltaba, por esos chutes cuando hace falta y a las personas que has cruzado en mi camino y con un objetivo común: nuestra pasión por la música. Y pronto volveremos a llenar las salas.

Por cierto, antes dije que había algo dónde me crucificaríais. Acababa de entrar a La MusiKalité y me ofrecieron cubrir uno de los conciertos de Love Of Lesbian de la gira El Poeta Halley en el Sant Jordi Club. Pues bien, agarraros… Lo rechacé literalmente porque ‘Love Of Lesbian me dan perecita’. Así tal cual. Un par de meses después empecé a abrir la mente, con Mismo Sitio, Distinto Lugar de Vetusta Morla, redescubrí a Second, investigué a Miss Caffeina y Sidonie más allá de Mira Cómo Vuelo y Carreteras Infinitas y me enamoré perdidamente de Love Of Lesbian. Puedo decir a medias que soy otra fan de John Boy.

 

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