[Reportaje] Vetusta Morla en el Auditori del Forum: magia sin trucos

Vetusta Morla en el Auditori del Forum de Barcelona. Foto por Esther Cobos.

Viernes 6 de Marzo de 2020, las 20:00 de la tarde de un día normal, frío y algo oscuro por lo pronto que cayó el anochecer en la ciudad de Barcelona. Los nervios me iban apoderando todo el cuerpo al tener un pensamiento en mente desde que me desperté: hoy iba a vivir algo diferente, una experiencia que aquellos que la habían ya vivido me la habían resumido en una palabra: renacimiento. Iba a vivir mi primer concierto de Vetusta Morla, un grupo que ha llenado y sigue llenando todas mis listas de Spotify, además de formar parte de la banda sonora de mi vida hará mínimo tres años. El traspasar la pantalla y dejar de ver vídeos de directos suyos para adentrarme en uno de ellos, poder tenerlos delante y sentirles… iba a ser algo imborrable. Y lo fue.

Todo empezó con mi reunión anterior al concierto con mi compañera Esther, mi viajera de emociones durante estos últimos conciertos, viéndonos una media hora antes del concierto para hablar, prepararnos y empezar a ser conscientes de lo que íbamos a vivir.  Ella los había visto ya en directo bastantes veces pero la emoción de poder gozarles en vivo seguía en su mirada, algo que solo pocos grupos pueden hacer.  Sobre las 20:20 fuimos a la puerta del Auditori del Forum, caminando junto a un aire frío y movido, acompañando a nuestro cúmulo de emociones que iban a aumentar al cruzar la puerta del recinto. Nos dieron las acreditaciones, bajamos las escaleras y pudimos observar la gran cantidad de público que estaba ya por allí quedando aún 40 minutos para que empezase el concierto. Nos dimos una vuelta, ojeando el merchandising y buscando las puertas a la que cada una debía de ir ya que Esther tenía marcado entrar en ciertas canciones y después iría a su asiento para disfrutar al 100% del concierto mientras que yo iba a entrar por otra para ir a mi asiento y poder verles desde una increíble perspectiva lo que tenían preparado para nosotros en esa noche. Encontramos la entrada cada una y nos despedimos con una mirada que lo decía todo: prepara el alma porque vamos a salir removidas en todos los sentidos. Y obviamente, así fue.

Llegué a mi asiento, aún quedaban unos 15 minutos para empezar y dediqué ese tiempo a, por un lado, hacer una porra de cuales iban a ser las canciones del setlist y, por otro lado, a observar todo lo que llenaba el escenario: lo que predominaba era un enorme cuadrado compuesto de largas tiras con las que se formaron diversas capas de cortinas, dando la visión de una caja compuesta por diferentes capas, capas de música.  De golpe sonó una voz  por los altavoces del auditorio para avisar que el concierto iba a empezar, así que respiré hondo y miré la hora: las 21:05.  Ni un minuto más, ni uno menos. Y entonces, toda luz desapareció y las primeras notas sonaron y tomaron la palabra de la noche.

Es tu turno, solo tienes que verlo

La voz de Pucho apareció junto a los primeros acordes de la música y una sonrisa llenó mi cara.  La luz del escenario se centró en ese cubo compuesto de diferentes capas donde podíamos ver las siluetas de todos, los movimientos y las voces tomaron el mando y las miradas de todos nosotros tenían un punto fijo, ellos. Con Mismo Sitio Distinto Lugar empezó un viaje que ojalá no hubiese tenido final. Fue una de las primeras canciones que descubrí de ellos y no mentiré que sentí al 100% como mi piel se erizaba al vivirla en directo, descubriendo la sensibilidad tanto de la música como la suavidad de la voz de Pucho, aquella que entra en ti y se hace imposible de olvidar. No sonó ninguna voz ni ningún suspiro, todos estábamos callados observándoles, disfrutándoles y preparados para 23 canciones eternas.

“Solo quiero que esta herida se prenda.”

Siempre he considerado que detrás de las canciones de Vetusta Morla hay una esencia tan propia que al oírlas es imposible que no les reconozcas a ellos. Llevan años y años de trabajo detrás para crear esa particularidad que con solo escuchar los cinco primeros segundos de cualquier canción suya sepas que son ellos y con Rey Sol lo sientes inevitablemente. Una canción donde oímos verdades como que a veces lo que menos crees puede llegar a salvarte del mayor peligro de tu vida, palabras que llenan huecos dejados y no eras consciente de ello. Con ello, con ese mensaje también vivimos un paso más en ese viaje: Pucho se adelantó y pasó una de esas capas de música de la caja llamada Vetusta Morla, creando un grito de emoción en todos al sentirle más cerca. También fue el momento donde mi compañera Esther pudo entrar en escena para empezar a fotografiar momentos del concierto, en este caso desde la mesa de sonido, observando la cantidad de almas que llenaban el auditorio quienes estaban pegadas a todo lo que sucedía en todos los sentidos a ellos.

“Pero quien quiere curarse si aún no ha sido herido”

Con Fuego vivimos la abertura de las cortinas para verles a todos, vestidos de traje y corbata y con ello también pudimos ver el escenario entero, lleno de instrumentos y música, pura música. Pucho arrancándose a bailar, el público centrado en una canción mítica de ellos y la esencia de Vetusta Morla seguía tan viva como la primera canción. El primer bloque de canciones acabó con El discurso del rey, clave en el ámbito musical por el gran papel de la guitarra eléctrica y a la vez creando en todos un gran  subidón de energía  que finalizaría en un punto de auge para llevarnos al primer speech de Pucho:

“Benvingudes i benvinguts a la gira MSDL, cançons dins de cançons”

(Bienvenidas y bienvenidos a la gira MSDL, canciones dentro de canciones.)

Estando solo él en el escenario nos explicó el porqué de todo lo nuevo que estaba surgiendo, el nuevo formato de gira donde el público solo tenía una función: escuchar y disfrutar. Nos pidió estar sentados todo el tiempo para vivir de verdad esta nueva manera de concierto que presentaban y deseó con todas sus fuerzas que disfrutásemos de esa “marcianada” que habían creado con una enorme ilusión.

El siguiente bloque de canciones empezó con uno de sus monstruos, en el mejor de los sentidos: Maldita dulzura. Sonaron los primeros acordes y pude observar desde mi asiento a mi compañera Esther con más compañeros fotógrafos entrando para poder captar más instantes desde el foso del Auditori. Fueron casi 4 minutos de pura sensibilidad, el toque suave de las guitarras empastó de una manera mágica con la claridad de la voz de Pucho, marcándose lo que ya es Maldita dulzura, un himno. Seguimos con En el río, una de las canciones que menos había escuchado pero que al vivirla en directo se ha vuelto indispensable. Al contrario de Maldita dulzura, viví una canción de un ritmo más alto y voluble, donde la voz de Pucho jugaba muchísimo con todos los acordes. La siguiente fue Guerra civil.

“Sí que hace falta un buen pretexto para disparar”

Esta canción para mí es de las que fueron claves para enamorarme de la realidad de este grupo y vivirla fue inigualable. En ella sentí esa diferencia que dijo Pucho que iban a presentar, ya que utilizaron tres barras de luces de neón las cuales iban acorde a cada nota que iba sonando: una de ellas componía el pie de micro de Pucho y las otras dos iban de la mano de los llamados “trucos humanos”, Anto y Oscar, quienes iban moviéndolas a son de cada acorde de la canción. Junto a las barras se unieron la combinación de luces de tono eléctrico de colores rojos y verdes, adentrándonos en el claro ambiente que presenta la canción. Y este segundo bloque de canciones acabo con, nunca mejor dicho, un Golpe Maestro.  Usando un juego de movimientos con las cortinas que rodeaban el escenario donde ellos estaban, finalizamos con una canción llena de fuerza y transmitiendo una energía increíble, semejante a El discurso del rey. Las linternas fueron el elemento de juego, procedentes de la mano de Pucho, uniéndose al viaje que nos estaban llevando para finalizar la canción y llevándonos al tercer bloque, encabezado por tres monstruos suyos: Los buenos, 23 de Junio y Boca en la tierra. Con las dos primeras el público rompió de emoción, la primera con solo oír las primeras notas las miradas se llenaron de emoción al ser uno de los tantos himnos de este grupo. Con la segunda las sonrisas aparecieron en escena por su eternidad, ya que da igual el tiempo que pase, 23 de Junio es y será eterna y más aún si Pucho se marca uno de sus bailes junto a Anto y Óscar. En este caso no escuchamos la versión original si no la última que ha presentado el grupo, dándole un toque diferente donde la guitarra se mueve en un diferente lugar pero aún así siendo increíble y, cómo no, inevitable el vivirla y disfrutarla. Y para finalizar, con Boca en la tierra vivimos de nuevo otro chute de energía donde las guitarras tomaron vida y llenaron el auditorio de tal manera que era imposible no cerrar los ojos para disfrutar de ellas.

“Ahora os voy a pedir algo que hace mucho que no hacemos”

Decía Pucho en su tercer speech, llamando al público a colaborar para la siguiente canción. La parte izquierda de nosotros teníamos que tararear: ooooh y la parte derecha tenía que tararear : ioooh. Todos nos quedamos un poco sorprendidos pero él nos dejó algo claro: retenedlo, nos vemos luego… y nos vimos, ya que empezaron a sonar las primeras notas de Baldosas amarillas.  Una canción mítica que presentó una escena mítica: un juego de luces que partía de las palmas de Pucho, haciendo de nuevo que fuese imposible despegar la mirada de él, siendo esa nota musical viviente. Acabaron los acordes y aún sin asimilarlo todo, empezaron a sonar los primeros de Copenhague y con ello cayeron miles y miles de lágrimas. Una canción que es pura sensibilidad, dura pero real, vivimos por ello unos minutos de magia donde la música llenó a todo el mundo y las luces formaron pequeñas estrellas para llevarnos a otro mundo, al mundo de Vetusta Morla.

Con un minuto adicional donde solo sonaba la música, Pucho se quitó la chaqueta y se estiró en el suelo observando todo lo que tenían delante: cientos de personas emocionadas con ellos, con su talento y con todo lo que habían creado, teniendo una sonrisa en su cara que llenaba su mirada al 100%. La siguiente de las canciones fue Consejo de Sabios, junto La marea y La vieja escuela, tres canciones particulares pero que fueron claves para que ese concierto quedase en la memoria de todos los que estuvimos allí. Con ello llegó el final de ese bloque de canciones, quedando solo 7 para que acabase el concierto. El siguiente bloque fue formado por Palmeras en La Mancha, una de las canciones que compondrá el nuevo CD de la banda. Volvió el juego con las cortinas, haciéndola más visual con toques de salsa y un ritmo movido que finalizó con “tenías razón” soltando las cortinas y dando paso a Te lo digo a ti. Con un guante de oro en la mano derecha y una peluca rubia, Pucho cantó algo claro: a veces hace falta recordar quienes somos para que dejen de reírse de nosotros mismos. Con un ritmo enérgico y vivaz, este penúltimo bloque acabó con Mapas, llegando a un nivel superior donde todos acabamos sin aire de la mezcla de emociones sentidas en 4 minutos de canción. Al acabarla, el escenario se vació haciéndonos creer que el concierto “había acabado” pero obviamente no, aún quedaba la traca final. Las cortinas, que estaban caídas, se abrieron por un lado para hacer aparecer a Guille a la guitarra y Pucho a su lado cantando Profetas De La Mañana, dándole al concierto ese toque acústico necesario y inigualable, mostrando que con poco pueden hacer magia. Al acabar entraron dentro de las capas para empezar con las tres últimas canciones que iban a dejar el punto final a una noche impresionante pero antes Pucho dio su último speech:

“Esta historia empezó hace 2 años en un parque de Madrid. Tocando en el eje del verano, un 1 de Agosto en un parque mítico de Madrid nos hicieron una propuesta de hacer una velada tocando canciones de manera diferente y al acabar, el disco se revolvió por completo. Esa propuesta es el embrión por el que todo cobra sentido, ya que nos invitó a hacernos preguntas y ahora queremos que os las hagáis vosotros.”

Siguió con una serie de agradecimientos a su cuerpo técnico, hablando para aquellos que accedieron a formar parte de esa “marcianada”. En cada concierto daban las gracias a un equipo en concreto y esa noche tocó el de sonido, a Alberto. Y obviamente pidió un gran aplauso para los nuevos integrantes que formaban esos “trucos humanos” ya mencionados, Óscar y Anto. Con todo esto nos presentó un deseo el cual se cumplió con creces: espero que hayáis abrazado esta sorpresa.

En primer lugar, Deséame suerte. Con un gran juego de cortinas, poco a poco íbamos volviendo a ver a todos en el escenario para formar parte del final de la noche con una canción mítica de Vetusta con la que hablan de algo que parece fácil, pero no lo es: vivir siendo uno mismo. En segundo lugar, Valiente, una de las canciones que considero que presenta la esencia de esta banda en todos los sentidos.  Y en último lugar, dando por finalizada la noche de una manera increíble, Punto sin retorno. Dejando sueltas las cortinas junto a una ruptura de sonidos increíble, esta canción fue el final más que merecido del concierto. El pie de micro de Pucho se fue al suelo, todos saltaron y dieron el último aliento para darle un cierre con el que toda persona que salía del auditori quedó enamorada.

Las luces se abrieron después de que Vetusta Morla saliese al escenario para agradecer la gran implicación que tuvo el público esa noche, yo salí en búsqueda de  mi compañera Esther sintiéndome en una nube y al encontrarnos nos abrazamos. Ella me preguntó que sentí por lo que acababa de vivir y yo solo pude decirle lo siguiente:

“No sé cómo voy a dormir esta noche”.

Considero que hay pocas cosas en este mundo que has de vivirlas sí o sí y un concierto de Vetusta Morla es una de ellas.

Tenéis todas las fotos de este precioso concierto en Flickr.

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