Especiales Reflexiones

[Reflexión] Los viernes de sobresaturación musical

Música en streaming | Foto: Freepik

Un viernes cualquiera, 00:00 de la noche. Entras a Spotify y… ¡Sorpresa! Las listas novedades viernes y radar de novedades de turno están actualizadas y con nueva musiquita para disfrutar. Echas un vistazo a las listas, si alguno lo esperas con ansias, le das una primera escucha, pero a estas horas tu atención no está preparada para poner los 5 sentidos. Mañana será otro día.

Viernes, 8:30 de la mañana. Con café en mano y delante del ordenador para teletrabajar, abres Spotify y empiezas con el ritual de turno. Este pasado 5 de febrero tenía cerca de una decena de temas fichados para escuchar sí o sí, de artistas y bandas que sigo. 10 semanales por 52 semanas que tiene el año, dan una media de 520 temas de los cuales me pueda sentir atraída previamente. Más luego otros tantos que te llaman la atención a primera escucha, recomendaciones… ¡Y no nos olvidemos de los álbumes!

Recuerdo que a principio de los 2000, era muy habitual un ciclo de un año preparar y lanzar el álbum, el siguiente gira y vuelta a empezar. Antes del lanzamiento de los trabajos, mucho más extensos que ahora, tanto en longitud de las pistas individualmente como el conjunto de todo el LP. Previamente conocíamos 1 o 2 temas y cuando lo escuchabas en su conjunto, (por aquel entonces, compra física o tirar de piratería) se disfrutaba mucho más.

Un ejemplo bien real: Robbie Williams en 2009 lanzó Reality Killed The Video Star, tras 3 años de silencio, después de que Rudebox no fuese mal en ventas, pero por contra, muy criticado por medios y público. Bien, pues el single de presentación del álbum, Bodies, se estrenó en septiembre y se lanzó al mercado en octubre. El álbum, salió en noviembre y aún se lanzaron 3 singles más: uno en diciembre (campaña navideña) del 2009, otro en marzo del 2010 y el último en octubre del 2010 (una semana antes del lanzamiento de The Flood de Take That). Estamos hablando de darle vida a un álbum un año o más después de su salida al mercado, algo que hoy pocos artistas hacen. Y ya no hablemos de lo que era comprar un álbum en esa época y que incluso yo misma ‘hice campana’ para ir a la tienda de música del pueblo para comprarlo y escucharlo tan ricamente el mismo día de su lanzamiento. Evidentemente, los hábitos de consumo han cambiado muchísimo en una década, igual que no podemos comparar las ventas físicas de hace 10 años con los de hoy día o incluso las de dos años atrás. Pero esto ya es otra historia y daría para hacer un post al respecto.

Quiero dejar claro que con estas líneas pretendo criticar ni a los artistas ni la nueva música que semanalmente llega a nuestros auriculares, si no de la sobresaturación que tenemos de ella. Volviendo al punto de partida, mi reflexión vino especialmente esta pasada semana. El lunes ya empezaba a ver en redes sociales que tal banda, aquella otra y la de más allá estrenaría singles la inmensa mayoría el viernes y algún rezagado el jueves para evitar el solape (jugada maestra). Lo primero que pensé fue que es normal, si cada vez tengo más amplitud musical, y escucho muchos más artistas que voy descubriendo, ya sean emergentes o más o menos consagrados. Pero leí un tweet que decía algo así como: ‘ya nadie se acuerda de Merichane de Zahara. Un tema que los primeros días inundó todas las redes sociales y 2 semanas después nadie la mencionaba, cuando con su lanzamiento leí una infinidad de comentarios del tipo ‘el primer gran hit del 2021’. ¿Estamos hablando que ‘la vida útil’ de un single es de 2 semanas en el mejor de los casos? ¿La música en en pleno siglo XXI tiene obsolescencia programada?

A continuación, tirando de empatía, me trasladé al lado de los artistas. Cuando actualmente el grueso de los ingresos en el mundo de la música provienen de los directos, hay que reinventarse o apretar para sacar nueva música. Son tiempos oscuros y difíciles para la cultura y la música en directo debido a la situación que estamos viviendo. Las salas llevan prácticamente un año cerradas, incluso algunas no volverán a levantar la persiana. Una cosa es lanzar un single, calentar previamente las redes, medios, promocionarlo… Y otra es no acabar de disfrutarlo y digerirlo que ya está el siguiente en plataformas digitales. Si dicho artista o banda tienen la suerte de lanzar un EP o álbum, en ocasiones conocemos hasta un tercio o incluso la mitad del mismo cuando llega al mercado. Se ha perdido el factor sorpresa, el hype por sentarte a disfrutar de un trabajo discográfico y que lleva tanto tiempo desde que surgen los primeros acordes hasta que tienes el resultado final.

Tengo la sensación que los hábitos de consumo musical que tenemos a día de hoy es similar al de las redes sociales. Subimos una foto a Instagram, o un tweet y rápidamente se pierden entre la multitud, sólo los más relevantes llegan a la gente. Todo es muy instantáneo y la música va por el mismo camino. Internet es un escaparate grandísimo y con una variedad muy rica, pero todo se mueve demasiado rápido, con lo cual hay que estar en el sitio indicado en el momento indicado.

¿Es positivo tener tantas ‘novedades viernes’? Como me gusta decir en relación al diseño gráfico, less is more. Prefiero menos novedades y de mayor calidad que no la carrera de fondo semana tras semana. Con esto no digo que no tengan calidad los últimos lanzamientos ni meto a todos en el mismo saco, si no que en lugar de sacar cada mes un single, dosificar. Que un artista desaparezca de los focos un año o más, no va a hacer que su público fiel se olvide de él, al contrario, lo esperas con más ganas. Pero Spotify ‘premia’ más por subir nueva música más a menudo que no todo un álbum o EP de golpe. El gran público prefiere esas píldoras ya que apenas consumen álbumes en su totalidad. La música en streaming marca una ley de oferta y demanda en la que sólo quedan los más fuertes. Y este hecho puede que marque esos ritmos frenéticos de estar constantemente lanzando novedades, más ahora que apenas tenemos música en directo.

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