[REPORTAJE] RABOLAGARTIJA 2018: DE DESPEDIDAS Y PÉRDIDAS DE VOZ.

Por duro que pueda parecer, todo debe llegar a su fin. Aunque bueno, ya conocéis el dicho: lo bueno, si breve, dos veces bueno.

Lo que no fue breve, aunque sí puedo asegurar que bastante más de dos veces bueno, fue la última jornada del festi.

La verdad es que se respiraba un cierto aire tristón en el camping, se notaba que la gente no quería irse y trataban de apiñarse para disfrutar al máximo de las últimas horas, algunos más conscientes que otros de que tocaba despedirse, por suerte o por desgracia según el punto de vista de cada uno.

Sin embargo, esto no consiguió hacer mella alguna en el ambiente dentro del recinto, pues los artistas estaban más que decididos a no dejar que la fiesta decayera. Y lo consiguieron.

La tarde se presentaba interesante, a pesar de que ya, por no romper con la tradición, llegaba tarde tras pasar quizá demasiado tiempo cargando el móvil en compañía de un par de cervezas y unas patatillas.


EL KANKA: ESTO NO PARA, PORQUE NADIE LO PARA.

Corriendo como alma que lleva el diablo, llegué a tiempo para ver cómo se despedía Che Sudaka al son de sus dos últimas canciones, mientras El Kanka terminaba de preparar su escenario para salir a darlo todo.

Y, cuando digo darlo todo, me refiero a TODO.

Sinceramente, he escuchado más bien poco del cantautor malagueño, y he de reconocer que conocí antes su Lo mal que estoy y lo poco que me quejo por Operación Triunfo que a él mismo. Y es algo para pegarse de cabezazos contra la pared porque tiene algunos temas que superan con mucho a este.

Lo que provoca la magia de la televisión, sin embargo, es que cuando en el concierto comienza a sonar este tema, se acerca un montón de gente que ni siquiera se encontraba en las cercanías del escenario, para abandonarlo en cuanto finiquitaba los últimos acordes.

Dicho esto, también tengo que decir que tiene bastantes más seguidores de los que yo me habría esperado. Seguidores que estuvieron de principio a final, y que se sabían todas las letras de todas sus canciones.

Lo raro es que no se quedara alguno sin aire porque El Kanka salió con el turbo puesto y no paró de pisarle a fondo hasta el último segundo.

Esto, sumado al buen rollo que transmite en temas como Demasiada pasión o A dieta de dietas, la buena compañía que llevaba sobre el escenario y la continua interacción con el público, se resolvieron en un concierto que, sin lugar a dudas, me sorprendió y que me anima a intentar descubrir un poco más por mi cuenta a este artista que vive por y para el cachondeo y la parranda.

EL LANGUI: UN DIRECTO A LOS FEELINGS.

Siguiendo al despliegue musical de El Kanka, creo poder decir que viví uno de los conciertos que más apeló a las emociones en todo el festival. Al menos, de forma ya algo más personal y, por tanto, subjetiva, así me lo pareció a mí.

El Langui vino para quedarse con el corazón del público, y lo consiguió. Me parece que es más que evidente que las cosas para él no deben ser por demás fáciles en lo que respecta a desplazarse y realizar cualquier movimiento que para otros serían de lo más naturales. Sin embargo, esto no evitó que, incluso aun habiéndose caído en una ocasión, decidiera continuar con la mínima ayuda posible, demostrando así que cualquiera, si pone ganas y pasión por lo que le gusta, puede conseguir lo que quiera.

El rapero del madrileño barrio de Pan Bendito salió bajo los focos, dispuesto a dar lo mejor de sí mismo y ofrecer un rato de desconexión, consiguiendo que el público se entusiasmara al traer a escena al mismísimo Gitano Antón, rapero con el que conformó el grupo La Excepción allá por los dos mil.

En definitiva, un concierto con el que El Langui fue capaz de tocar la fibra sensible de aquellos que, como yo y seguro que también muchos de vosotros, se encuentran día a día con las dificultades de la gente de a pie, y que además logró sacar más de una sonrisa a todos los que estábamos allí a base de buen humor, sobre todo demostrando lo importante que es reírse de uno mismo a veces, como él hizo al escribir su nombre en el atrezo, y dando a la “A” la forma de sus piernas.

BEBE: UNA SEGUNDA LÍNEA SORPRENDENTE.

Después de la despedida de El Langui, decidí que el plato fuerte de la noche, Kase.O,  quería vivirlo desde lo más cerca posible a su escenario, así que opté por tomar puestos en la primera fila, pegadito a la valla, mientras veía el concierto siguiente desde un lateral del otro escenario, ayudado por la pantalla.

Esto no quita que no fuera capaz de disfrutar del concierto de Bebe. Realmente, me chocó un poco encontrarme su nombre en el cartel cuando le eché el primer vistazo, aunque ahora entiendo que se han dedicado a llevar la mayor variedad musical posible, lo que me parece un total acierto.

Bebe nos regaló un concierto que me recordó mucho al despliegue de Mala Rodríguez en la pasada edición del Music Village de Alicante, conectando a menudo con el público, derrochando sensualidad y despertando algunos recuerdos que pensaba desaparecidos de mi infancia, con los temas Me Fui y Ella.

KASE.O: LA VIEJA CONFIABLE.

Llega ya el turno del cabeza de cartel de la última jornada. Casi me encontraba aprisionado contra la valla a pocos minutos de dar comienzo el show del maño Kase.O.

Estaba desesperado porque empezara ya, para qué os voy a mentir. Tenía pleno conocimiento de lo que venía, y aunque sabía que tendría menos tiempo que en un concierto propio, no esperaba nada que no fuera tan o más bueno que lo que presencié en la plaza de toros de Alicante.

Y, bueno, los que estuvisteis allí lo sabéis. Vaya gozada.

Aunque el setlist era el mismo, un poco más reducido tal vez, que en su concierto propio, jamás me cansaría de verlo.

No faltaron los mensajes de apoyo a todas las personas que lo están pasando mal a lo largo y ancho del mundo, ni los de respeto e igualdad hacia todas las personas que allí había, fueran hombres o mujeres.

Tampoco faltó el factor sorpresa, cuando apareció Rozalén sobre el escenario para interpretar Mazas y catapultas a dúo con Kase, dejando a más de uno, me incluyo, con la boca abierta y la garganta seca de gritar.

Quizá si eché en falta la puesta en escena del tema Basureta (tiempos raros), que me pareció asombrosa en el anterior concierto, aunque no puedo negar que no hubo falta de magia cuando puso a sonar el tema Repartiendo arte.

En definitiva, aunque se me hizo un concierto especialmente corto, era inevitable con la misma sensación de paz que, al parecer, acostumbra a dejar el de Zaragoza.

EL NIÑO DE LA HIPOTECA: REPARTIENDO FUERZAS DE ÚLTIMA HORA.

Tras esto, pensaba que iría a dormir ya, pues no tenía ni voz ni fuerzas suficientes en las piernas como para mantenerme en pie.

Sin embargo, diez minutos en el camping, sentado tomando un zumito y un par de empujones por parte de mis compañeras fueron suficientes para llevarme a ver la actuación de El Niño de la Hipoteca.

Y, aunque yo creía que no los conocía, parece ser que sus recomendaciones para no fumar marihuana, en conjunto con Loulogio, fueron suficientes para convencerme de los efectos negativos que esta tenía.

Y, aunque también creía que, siendo la hora que era, y sabiendo que había que madrugar, no los disfrutaría, me llevé una grata sorpresa viendo que fue justo lo contrario.

El sentido del humor del cantante, la facilidad para empezar a hablar sobre el punto violeta del festival y el respeto que debemos tener a las mujeres y ver cómo poco a poco su discurso iba derivando en todo lo que hace él mal como hombre, estropeando casi por completo el mensaje, dejaron entrever que, realmente, no es buena decisión salir a tocar y, mucho menos hablar, con alguna que otra cerveza, o cubata, de más.

Así pues, en resumen, fue un concierto que rezumaba buen rollo por todos los poros, capaz de hacerme despertar y mantenerme botando un rato más, con lo que solo puedo decir que chapó por ellos. Sin duda, se merecen una escucha y alguna visitilla a sus actuaciones.


Llegados a este punto, siendo ya pasadas las tres de la madrugada, no quedó otra que desistir. Nos alejábamos del recinto sonando de fondo los Mártires del Compás, chocando con algunos que iban más alcoholizados de lo que deberían y otros tantos que, bueno, digamos que se auto medican con cosas malas que no debéis consumir, niños.

Una vez en el camping fui capaz de poner un poco de orden en mis ideas, y el resumen más claro que pude sacar de todo el festi es que estoy deseando que llegue ya el año que viene para encontrarme entre las filas del público.

Como consejo, intentad conseguir tanto abonos como entradas para el camping sombra con bastante antelación, porque vuelan y os podríais ver en serios aprietos, sobre todo sin las últimas.

Así que con esto se termina mi repaso a uno de los festivales que más me ha sorprendido, porque nadie se esperaría que algo como esto fuera posible tan cerca de casa.

Y vosotros, ¿Qué pensáis? Espero que, igual que yo, creáis que merece dar una oportunidad, o dos a un festival que no duda en apostar por la música en primera instancia.

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